Nuria Blanco Álvarez escribe un artículo explicando qué es el Género chico en el campo de la Zarzuela
Este artículo también se puede oír en el siguiente enlace
Descargar fichero: Que_es_el_genero_chico37.mp3
Qué es el Género chico
Un artículo de Nuria Blanco Álvarez | @miladomusical
Hace unos meses, tras una conferencia sobre Filosofía de la música a la que acudí en Oviedo, una persona del público me preguntó a la salida «¿Podría aclararme rápidamente qué es eso del 'Género chico´? ¿No es acaso lo mismo que la zarzuela? ¿O es una zarzuela de peor calidad?». Escuetamente le contesté que el Género chico es un tipo de zarzuela de finales del siglo XIX que se caracteriza fundamentalmente por su corta duración, que se ofrecían en cuatro sesiones consecutivas en una misma tarde y que engloba varios subgéneros. Desde luego que es una reducción enorme de lo que significa, pero es poco menos que la definición que da el «Diccionario de la zarzuela» coordinado por el profesor Emilio Casares que tan solo le dedica ocho líneas en una columna, bien es cierto que después lo retoma en la acepción «Zarzuela» dedicándole algo más de cinco páginas en las que solo se para, y de forma sucinta, en el Sainete y la Revista (dos de los tipos de Género chico).
Antes de hablar del Género chico, se hace imperativo explicar el llamado «Teatro por horas» -lo que desde el punto de vista del Materialismo filosófico podría ser la raíz de su núcleo-, una idea de negocio ante la crisis provocada por la inminente Revolución de 1868 para atraer al público al teatro, que consistía en la representación de tres o cuatro sencillas piezas de teatro breve, de poco coste, con entradas muy baratas (según Marciano Zurita «a un real la pieza», lo mismo que las mercancías de los mercadillos ambulantes) y una variedad de horarios y títulos diarios donde elegir, que posibilitaba además asistir a más de una sesión en la misma tarde, incrementándose los ingresos en taquilla. El ideólogo fue Antonio Riquelme en 1867 quien junto a los también actores José Vallés y Juan José Luján, alquilaron en Madrid el Teatro del Recreo para poner en marcha su novedoso proyecto -motivado como decimos por la situación socioeconómica del momento- que enseguida llamó la atención del público que no dejaba de abarrotar la sala, por lo que pronto se mudaron a otro coliseo de mayores dimensiones y prestigio, el Teatro de Variedades, que acababan de dejar libre los Bufos madrileños de Arderíus.
«No será hasta unos años después cuando se incluya música en estas obras del 'Teatro por horas´»
No será hasta unos años después cuando se incluya música en estas obras del teatro por horas, pues hasta entonces se trataba exclusivamente de teatro hablado; aunque es cierto que a aquel repertorio dramático se le unieron ocasionalmente zarzuelas en un acto (Zarzuela chica) ya conocidas por el público -no creadas ex profeso para este sistema teatral- de autores como Barbieri y Gaztambide. De hecho, hasta entonces no era extraño completar las funciones de Zarzuela grande con una Zarzuela chica para rematar la velada.
«Manuel Fernández Caballero fue de alguna manera el precursor del Teatro por horas en el Teatro Tacón de La Habana en 1866»
Por estas fechas, Manuel Fernández Caballero se encontraba residiendo en Cuba y no pudo vivir en primera persona los cambios que se estaban produciendo en el teatro madrileño, sin embargo, antes de que surgiera la idea de Riquelme, Vallés y Luján, el murciano programó por primera vez, en el Teatro Tacón de La Habana donde ostentaba el cargo de director de orquesta en el verano de 1866, una velada con tres Zarzuelas chicas consecutivas: Un cocinero y El loco de la guardilla, compuestas por él mismo, para finalizar con Un caballero particular de Barbieri. Este giro en la programación habitual de los teatros de zarzuela, ocurrida el 7 de julio de 1866, es, de alguna manera, el precursor del sistema del «Teatro por horas», al menos en la concepción de programar únicamente obras breves en una misma función, si bien todas seguidas con una única entrada. Incluso después llegó a alternar alguna comedia breve con las zarzuelas chicas. Al principio sorprendió este formato pues tal y como se señalaba en La gaceta de La Habana «las zarzuelas en un acto son apropósito para fines de fiesta y no para constituir la fiesta entera» y la crítica se quejaba de lo tarde que acababa y de las cuatro largas horas en un teatro de incómodas sillas e insoportable calor veraniego, si bien al público no parecía importarle pues llenaban la sala. Al separar en Madrid las obras en distinto horario con la fórmula del «Teatro por horas» se solventarían estas cuestiones.
Teatro Tacón de La Habana (1874)
Además, tal y como explicábamos, el origen del Género chico no es la antigua Zarzuela chica (en un acto) sino el teatro puramente hablado. Esto se produce con el sainete lírico de Ricardo de la Vega La camisa de la Lola, al que pusieron música Federico Chueca y Joaquín Valverde. El caso es que Chueca era pianista en el Café de Zaragoza en Madrid (situado cerca de la Plaza de Antón Martín), al que solía acudir de la Vega; allí se conocieron y surgió la posibilidad de colaborar en una obra lírica. Es decir, la obra fue escrita como sainete por Ricardo de la Vega, añadiendo Federico Chueca algunos números musicales, instrumentados por Valverde.
Café de Zaragoza en Madrid (1896)
De la Vega llevó la obra a Emilio Mario, actor del Teatro Español al que no convencía el título por ser demasiado «incitador», cambiándolo por La canción de la Lola. Mario prometió su estreno, sin embargo, se fue de gira por América y de esta obra nada más se supo hasta 1880 cuando el libretista la lleva al Teatro Alhambra donde la compañía dramática de María Tubau -es decir, una compañía de actores- decide interpretarla a pesar de no ser cantantes. El personaje de Tubau no tenía que cantar, el de Balbina Valverde –hermana del compositor- cantaba muy poco y Ramón Rosell, como la estrella bufa que había sido, cantaba, bailaba y actuaba. El exitoso estreno tuvo lugar el 25 de mayo de 1880 y se mantuvo en cartel durante más de 3 años. Matilde Muñoz en su libro Historia del teatro en España señala que «La obra tuvo un éxito apoteósico, la novedad gustó extraordinariamente […] Todas las cocinas de Madrid resonaban con el malicioso estribillo de una de las canciones de aquel sainete». Fue la primera pieza de Género chico y con la que comienza una nueva etapa en la Historia de la zarzuela.
Tengo un niño chiquitín
que se llama Nicolás,
si le quieres conocer
ven al cuarto y lo verás.
Portada de la partitura de la zarzuela La canción de la Lola (1880)
«En términos del Materialismo filosófico, el 'Teatro por horas´ sería la raíz de su núcleo, mientras que el Género chico formaría parte del cuerpo de la esencia de la Zarzuela como uno de los últimos pasos de su curso, siendo la coda el denominado Género ínfimo»
Por tanto, a pesar de que autores como Mª Pilar Espín Templado, que considera el Género chico como las obras pertenecientes al «Teatro por horas o Teatro por secciones o Teatro chico», tengan música o no, haciendo de las zarzuelas con esas características (brevedad de una hora, extensión en un acto y representación en sistema de funciones por hora) una especie más del Género chico junto a los sainetes, pasillos, revistas y juguetes cómicos, todos ellos puramente teatrales, nosotros consideramos más oportuno definir el Género chico como un término con el que se designa a las zarzuelas, generalmente en un acto, realizadas a finales del siglo XIX, en contraposición a la Zarzuela grande en tres; llevadas a cabo con una finalidad económica de manera que, por su brevedad, al tener apenas una hora de duración, pudieran representarse tres o cuatro piezas al día en distintas sesiones en lugar de ponerse en escena una única obra, abaratando así su coste y el precio de la entrada (antes de iniciarse este sistema en el Teatro Apolo y en el Teatro de la Zarzuela, su entrada en butaca costaba 3,50 pesetas mientras que en pleno apogeo del género tan solo 0,75) y dando la opción a un mismo espectador a asistir a distintas funciones en un mismo día -sumando así varias entradas-. El éxito de este sistema de negocio fue rotundo. Dentro del Género chico, tal y como nosotros lo entendemos, se encontrarían diferentes subgéneros como el sainete lírico, juguete lírico, etc., ahora sí, todos ellos con música. Por tanto, para nosotros el Género chico está indisolublemente unido al terreno musical, dejando para el teatro textual el término de «Teatro por horas», que alcanzó su culmen cuando se le añadió música y se transformó en una nueva especie de zarzuela (Zarzuela grande, Género bufo, Género chico, Género ínfimo). En términos del Materialismo filosófico, como hemos dicho, el «Teatro por horas» sería la raíz de su núcleo, mientras que el Género chico formaría parte del cuerpo de la esencia de la Zarzuela como uno de los últimos pasos de su curso, siendo la coda el denominado Género ínfimo.
«Afirmamos que, aunque efectivamente era lo más común, no todas las obras pertenecientes al Género chico estaban formadas por un acto único»
Es más, afirmamos que, aunque efectivamente era lo más común, no todas las obras pertenecientes al Género chico estaban formadas por un acto único. No olvidemos que al «Teatro por horas» también se le llamó «Teatro por secciones» (en eso todos coincidimos) y esto implica que en las funciones de Género chico podía representarse en una de las funciones una sola sección, esto es un solo acto, el más popular, de zarzuelas más amplias, es decir, se interpretaban secciones o «piezas» de una obra (de ahí el uso de ese término hoy día como sinónimo de «obra teatral», tal y como recoge la RAE). Así tenemos por ejemplo el caso del sainete en dos actos Cuba libre con música de Manuel Fernández Caballero y libreto de Federico Jaques y Aguado, estrenada en el Teatro Apolo en 1887 que, aunque aparentemente pueda pensarse que se sale formalmente de la clasificación de Género chico al no ser una obra en un acto, lo cierto es que fue habitual que se llegara a representar bajo este sistema presentando únicamente su segundo acto. Es decir, que seguir el argumento era lo de menos porque la obra comenzaba a mitad de su argumento, aunque lo cierto es que se trataba de una obra tan popular que es muy probable que el público ya conociera el asunto. En realidad, iban a divertirse con las diarias ocurrencias improvisadas de la pareja de los actores cómicos Ramón Rossell y Vicente García Valero, conocidos como «Los de los sendos machetes» por sus personajes en dicha zarzuela que aparecían en el mencionado acto, que ocupaban la última sección de los espectáculos diarios del Teatro Apolo, conocida como «La cuarta de Apolo», abarrotada por el público más noctámbulo y dicharachero de todo Madrid.
«La última sección de los espectáculos diarios del Teatro Apolo, conocida como 'La cuarta de Apolo´, abarrotada por el público más noctámbulo y dicharachero de todo Madrid»
Los actores cómicos Vicente García Valero y Ramón Rosell como guerrilleros en Cuba libre (1887)
«El espaldarazo definitivo del Género chico se produjo en 1886 con el fabuloso éxito de La Gran vía de Federico Chueca y Joaquín Valverde»
El espaldarazo definitivo del Género chico se produjo con el fabuloso éxito de La Gran vía de Federico Chueca y Joaquín Valverde con libreto de Felipe Pérez y González estrenada en el Teatro Felipe de Madrid el 2 de julio de 1886 (en este artículo explicamos el estreno de La Gran Vía y «La increíble historia de Federico Chueca, tres ratas y la Cibeles»). A partir de esa fecha, la composición de zarzuelas de este tipo crece exponencialmente, siendo un verdadero boom en la década de los 90 del siglo XIX, cuando se estrenaban en Madrid más de 150 obras de este género al año, con una nueva cada dos días. A modo de ejemplo, el compositor Manuel Fernández Caballero compone entre 10 y 12 zarzuelas al año entre 1887 y 1889, frente a la media de unas 5 anuales en el resto de su carrera.
«El Género chico fue un verdadero boom en la década de los 90 del siglo XIX, cuando se estrenaban en Madrid más de 150 obras de este género al año, con una nueva cada dos días»
Teatro Apolo de Madrid, inaugurado en 1873
«El Teatro Apolo se erige como 'La catedral del Género chico´ donde se estrenaron La verbena de la Paloma de Bretón (1894), La revoltosa de Chapí (1897) y El dúo de La africana de Caballero (1893), obras emblemáticas del género»
«En México al Género chico se le conoció con el nombre de 'Zarzuelas por tandas´»
Dado el éxito del «Teatro por horas», muchos coliseos madrileños (teatros Alhambra, Lara, Martín y Eslava, además de los teatros estivales como el Príncipe Alfonso, Recoletos, Felipe, Maravillas y Eldorado), adoptaron este nuevo sistema teatral en la década de los 80 del siglo XIX, y aún son más los que se van sumando en los siguientes años, destacando entre todos ellos el Teatro Apolo que se erige como «La catedral del Género chico» donde se estrenaron La verbena de la Paloma de Bretón (1894), La revoltosa de Chapí (1897) y El dúo de La africana de Caballero (1893), obras emblemáticas del género. El sistema cruzó el Atlántico y en México se conoció con el nombre de «Zarzuelas por tandas».
De las características musicales, literarias y formales del Género chico así como de sus tipologías, hablaremos en próximos artículos en Codalario.
Compartir
