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ÓLIVER DÍAZ: "QUIERO QUE LA TEMPORADA DE LA ORQUESTA SINFÓNICA CIUDAD DE GIJÓN TENGA PERSONALIDAD PROPIA"

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20 de julio de 2010
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Óliver Díaz

La Voz de Asturias (Lunes, 19/7/10)

Óliver Díaz acaba de dirigir (16 y 17 de julio de 2010) a la Orquesta Sinfónica Ciudad de Gijón en la producción de José Luis Moreno que, bajo el título de "Lo más grande en zarzuela", ha llevado al Teatro Jovellanos algunos de los fragmentos más conocidos de nuestra mejor ópera cómica.

- ¿Cómo es esta antología de zarzuela?

- Es una antología difícil de hacer, con 27 números, que es una barbaridad. Cuando se fundó la orquesta todos teníamos poca experiencia y una producción como esta  hubiera supuesto una brutalidad para los músicos. Pero hoy en día la orquesta está preparada para afrontar este reto. Nuestro nivel ha ido subiendo. Aún sin tener una plantilla estable,  la orquesta está hecha a una manera de tocar y de ser.

- ¿Cuál es el siguiente paso como entidad?

- Sigo empeñado en tratar de demostrar que este grupo tiene un hueco en el mundo musical de hoy en día. Sólo nos falta encontrar la manera de estabilizar a los músicos, para que el nivel que tenemos suba todavía un peldaño más. Queremos dedicar tiempo a la música contemporánea, conciertos con jóvenes intérpretes y pedagógicos, como el ciclo Música Maestro, que volveremos a hacer el próximo año. Quiero que la OSIGI tenga una personalidad propia.

- Sus compromisos no paran de multiplicarse

- Hace unos días estuve en Córdoba, trabajando junto al compositor Javier López de Guereña, en un espectáculo desarrollado en torno al canto  de Javier Ruibal, a cuyas interpretaciones queremos dar una vertiente más contemporánea. Tras su estreno en el Gran Teatro de Córdoba, grabaremos un DVD y un CD y repetiremos función en Cádiz.

- No es música sinfónica

- Su estilo está cercano al flamenco, pero sus temas tienen una cierta impronta clásica, al estilo de las canciones de Manuel de Falla. López de Guereña es el productor del disco y el arreglista.

- El año que viene también dirigirá fuera de España

- En enero me marcharé a Rumanía, para trabajar con la Filarmónica de Targu Mures, y en mayo dirigiré a la Orquesta Estatal de México. También tengo un compromiso para dirigir "Luisa Fernanda" en el Teatro de la Zarzuela de Madrid.

- ¿Cómo será la próxima temporada de la Sinfónica Ciudad de Gijón?

- Queremos dedicarnos a un tipo de obras que hemos visto que han funcionado bien en Gijón hasta el momento, así que, al lado de concierto tradicionales como el de Año Nuevo o el del Puerto de Gijón, y alguna ópera y zarzuela,  quiero que nuestro orquesta  incida más en la música del siglo XX. El año pasado tuvo mucho éxito el concierto dedicado a la Música degenerada, con obras de autores como  Kurt Weill, al que añadiremos composiciones como la "Sinfonía de cámara nº 2" de Schoenberg o "Pulcinella", de Stravinski. En mayo haremos el "Concierto  para violín y orquesta nº 2" de Prokofiev con Albena Danailova, que es la primera mujer concertino de la historia de la Filarmónica de Viena. Es una maravilla como violinista. También queremos potenciar proyectos como el Primer Concurso Internacional de Zarzuela Ana María Iriarte, que es el primero que se hace de estas características en España.

- Todavía se recuerda su último concierto con la OSPA

- Estoy muy satisfecho por el resultado. Era el último de una larga temporada en la que los músicos habían tenido un año de mucho trabajo. Sin embargo, se mostraron generosos con mi trabajo. Pienso que se notó en el resultado general. Aquel concierto supuso mi debut en el Auditorio de Oviedo. Me sorprendió la acogida tan cálida que tuve por parte del público.

- ¿Cuál es su opinión sobre la sala?

- Me parece que tiene una acústica bastante buena. El sonido de la sala cambia bastante con y sin público. No obstante, los problemas que pueda tener, ahora ya son difíciles de corregir. La ventaja es que la OSPA conoce muy bien la sala. Conmigo se mostraron muy flexibles y atentos, hasta el punto de que hemos cambiado algunos aspectos interpretativos de las obras para adecuarlas a mi personalidad. Los músicos se mostraron muy dúctiles y dispuestos. En un grupo humano de gran calidad personal y técnica.

- Hay directores que buscan sólo un sonido

- Yo soy un tipo de director que cree que una orquesta no debe tener un solo color. Una orquesta disciplinada debe saber estar a la altura y asimilar las necesidades de diferentes obras y estilos. Este es el tipo de trabajo que trato de llevar a cabo en Gijón. Una de mis obsesiones es mostrar que,  cuando, por ejemplo, tocamos Mozart, las trompas y el metal en general no cumplen la misma función orquestal que en el siglo XIX. En el clasicismo, las trompas refuerzan momentos dramáticos, pero más tarde se usan como nexo orquestal entre las maderas y la cuerda. Hay que ser conscientes de este hecho para no desvirtuar el mensaje. Las maderas también suenan diferente según el estilo musical.

- ¿No echa de menos su período en la Juilliard School de Nueva York?

- En algún momento quiero volver a trabajar a Nueva York, pero todavía no sé ni cómo ni cuándo. Es un sueño que me gustaría cumplir.

- ¿Es el único director español de la historia que superó las durísimas pruebas de acceso de la Juilliard?

- No estoy seguro si de la historia, pero sí le puedo asegurar que las pruebas para estudiar con Otto Werner Mueller  eran muy exigentes. Estaban muy bien pensadas pero, en algún caso, llegaban a ser crueles. La primera prueba era acústica, con tres dictados realizados, primero por un piano y después por un cuarteto de cuerda. Después había una prueba muy larga de teoría en la que nos preguntaban de todo, desde cómo se escribía una serie dodecafónica para ser interpretada por un chelista en armónicos, hasta exigirnos escribir una melodía para viola y ponerle arcos tocándola en primera posición. En la tercera prueba había que hacer una reducción al piano a primera vista de una partitura compleja,  tocar un coral de Bach a cuatro claves antiguas y transportar a vista una canción de Schubert. A mí me tocó el principio de "La consagración de la primavera" y la obertura de "Hansel y Gretel", que tiene nada menos que ocho trompas escritas en Fa. También el "Romeo y Julieta" de Chaikovski,  y el segundo movimiento de la "Sinfonía nº 2" de Brahms.

- ¿Cuántos candidatos quedaron al final?

- En la primera prueba éramos muchos. En la segunda ya sólo éramos 10 o 12, de los que pasamos a la tercera 5 o 6. Otto Werner Mueller me pidió tocar al piano y de memoria la sinfonía que iba a dirigir: el segundo tiempo de la "Sinfonía nº 8"  de Dvorak. La prueba de dirección fue muy cruel con los 5 o 6 que quedábamos. Me tocó el primero. Sólo pasamos 3. Nos pidieron dirigir "La consagración" y quedamos 2, que fuimos los que, al final, pudimos estudiar con  Otto Werner Mueller

- Fue un privilegio

- Y una gran alegría, porque era uno de los profesores más estrictos del mundo. Era una personalidad ante la que incluso la universidad debía someterse. Su asistente me comunicó que me habían concedido la beca Bruno Walter, uno de los directores que más he admirado.

Autor:Aurelio M. Seco
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