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Crítica: Pablo Rus con la Sinfónica de Castilla y León, Falla y Debussy

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Autor: Agustín Achúcarro
19 de octubre de 2026

Crítica de Agustín Achúcarro del concierto Pablo Rus con la Orquesta Sinfónica de Castilla y León

Pablo Rus con la Sinfónica de Castilla y León, con Falla y Debussy

Entre de Falla y Debussy

Por Agustín Achúcarro
Valladolid, 15-X-2026. Auditorio de Valladolid, Sala sinfónica Jesús López Cobos. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Suite para orquesta Homenajes y El amor brujo de Falla, Nocturnos Nubes y Fiestas de Debussy, El sueño de Cleopatra de Mel Bonis e Imágenes para orquesta: n°2, Iberia de Debussy. Pablo Rus Broseta, director. Marina Heredia, cantaora.

   Segundo concierto de la temporada de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, dirigido por Pablo Rus y dedicado de manera casi exclusiva a obras de Manuel de Falla, para conmemorar el 150 aniversario de su nacimiento, y Debussy. Una actuación que, en líneas generales, se caracterizó por el cuidado en la concertación y la adecuación estilística, aunque con cierto tono de uniformidad, lo que no permitió profundizar en los matices diferenciales de cada obra. Comenzó el programa con la Suite Homenajes del gaditano, en la que orquesta y director lograron que la obra resultará formalmente atrayente. Y eso se evidenció en la tímbrica de la Fanfarria sobre el nombre de E. F. Arbós, o en los oscuros sonidos de la cuerda en A Claude Debussy.

   Igual sucedió con El amor brujo, obra tan paradigmática del genio musical de Falla. En ella se consiguió un equilibrio entre lo camerístico y lo sinfónico, aunque por momentos necesitó más garra, así como adentrarse con mayor vigor en su universo de colores y timbres, que surgen en una atmósfera cautivadora. La cantaora, Marina Heredia, dominó los aspectos estilísticos de la obra, aunque le faltó un fraseo más rotundo, con más cuerpo. A eso hay que unir el hecho de que se amplificara su voz, lo que no la benefició, por resultar artificial. Alcanzó su mejor versión en La canción del fuego fatuo, con logradas inflexiones, ya que en la Canción del amor dolido se echó en falta mayor carga emocional.

   Tras las obras del compositor español, interpretaron los Nocturnos Nubes y Fiestas de Debussy. Si bien se notó el lógico contraste entre ambos, el primero pareció algo uniforme en su coloración. En el segundo, sí se percibió la presencia de timbres bien contrastados, en un sutil juego de instrumentos, entre su protagonismo individual y la necesaria adecuación al resto. Prueba de ello, a modo de ejemplo, fue el empaste que consiguieron timbalero y arpa. Destacar también la labor de los solistas, durante todo el concierto, materializada en esta reseña en el buen hacer del corno inglés.

Pablo Rus con la Sinfónica de Castilla y León, con Falla y Debussy

   El sueño de Cleopatra de Mel Bonis, obra compuesta a principios del siglo XX, que cayó en el olvido casi hasta nuestros días, destacó el dúctil tratamiento de la melodía, dentro de una equilibrada sonoridad or questal. Aunque, como en el resto de las interpretaciones, se pudo poner mayor tensión y subrayar los contrastes. Con Imágenes para orquesta n°2, de Debussy, se volvió a poner al espectador frente a una versión bien armada formalmente, con unos solistas rayando la perfección, pero sin acabar de prender ese fuego que hace que una interpretación vaya un paso más allá. Un concierto bien llevado por Rus Broseta, en el que se alcanzaron no pocos momentos reseñables, que concluyó con la sensación de que pudo ser mejor.

Fotos: OSCyL

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