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CRÍTICA: DERROCHE DE BELCANTO EN EL CONCIERTO DE ABAO CON PATRIZIA CIOFI Y CELSO ALBELO. Por Alejandro Martínez

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Autor: Alejandro Martínez
14 de mayo de 2013
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 SIN NOSTALGIAS
 
27/04/2013. Bilbao. Palacio Euskalduna

 

      La Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera (ABAO) completaba su programación de esta temporada, a la espera de cerrar su calendario con la próxima Bohème, con un concierto dedicado al belcanto, con el atractivo de dos voces como las de Patrizia Ciofi y Celso Albelo en su cartel. La cita prometía tanto como finalmente ofreció. Una noche de belcanto con mayúsculas.
      Es una constante en el mundo de la ópera: cada generación sostiene que su panorama de cantantes ha sido netamente superior al de la generación siguiente. Así, quienes escuchaban a Di Stefano, se acordaban de Gigli; y quienes escuchaban a Pavarotti, hacían lo propio con el citado Di Stefano. Y así hasta el infinito. Es una simpática nostalgia, que esconde un cierto afán de protagonismo, como si cada generación aspirase a haber vivido un momento histórico que no volverá a repetirse. El recital del pasado sábado en el palacio Euskalduna de Bilbao fue un aldabonazo a cualquier atisbo de nostalgia. Con un presente vocal y estilístico semejante, no cabe enarbolar nostalgias impostadas.
      Encontramos a Ciofi con un instrumento pleno, más fresco y menos árido que en otras ocasiones, perfectamente timbrado. Y sobre todo, manejado con una inteligencia y con un sentido del fraseo verdaderamente fascinante, imaginativo y puro a un tiempo. Ciofi domina como pocas el canto más etéreo, la recreación del sonido sfumato. Consigue así un belcantismo hipnótico, con un sonido que flota, ideal para recrear la línea del discurso belliniano. Habrá voces con más armónicos y timbres más jóvenes y epatantes, pero sólo cabe aplaudir ante un dominio estilístico tan absoluto, intencional y consciente como el que Ciofi mostró en Bilbao. Su Sonnambula fue un ejemplo incuestionable de lo que el belcanto es y significa. Una voz convertida en melodía pura, ensoñadora. Uno de esos instantes en los que el tiempo parece, a la vez, detenerse y dilatarse. Estas mismas cualidades dieron lugar también a una hermosa lectura del 'Il faut partir' de La hija del regimiento. No quedó atrás, en cualquier caso, en los pasajes de coloratura y agilidad, como la primera página de la Elisabetta Regina d'Inghilterra de Rossini que abría el concierto.

 

      Por su parte, Albelo se mostró de nuevo en plenitud, en un momento dulce de su trayectoria, con una madurez técnica evidente y con un instrumento cada vez más consistente, sólido en el grave y más firme en el centro, pero sin perder un ápice de su solvencia en el agudo. La voz corría sin problemas en el amplio y poco agradecido espacio del Euskalduna. Albelo brilló ya en la página de Anna Bolena con la que comenzó su participación en el concierto, el 'Vivi tu', intentando el oppure en el sobreagudo, logrado aunque levemente menos cómodo que en otras ocasiones. Algo semejante sucedió con su aria de La hija del regimiento, valiente en los consabidos "does", pero menos exultante que en otras ocasiones. Inconmensurable su recreación, ya en la segunda parte, de la gran escena de Edgardo en Lucia di Lammermoor. Exultante, seguro, vibrante. Encontramos en Albelo una voz ideal para Donizetti, por homogeneidad, por sentido del fraseo, por dosificación de las dinámicas, etc. Verdaderamente, en la senda del gran Edgardo de Kraus. En todo caso, donde más nos gustó Albelo fue seguramente en los dúos con Ciofi. Ambos cerraron la primera parte con un emotivo y vibrante "Son geloso del zefiro errante", lleno de teatralidad y sonidos de hermosa factura. Cerraron el concierto con una interpretación maravillosa del dúo que cierra el primer acto de Lucía. Un público puesto en pie testimoniaba la emoción al caer la batuta, con Ciofi y Albelo dándolo todo en el agudo y mostrando una química auténtica. Bravísimos.
      Las propinas finales nos iban a deparar gratas sorpresas. Ciofi ofreció en el aria "Quando rapito in estasi" de Lucia una de esas interpretaciones que dejan boquiabierto por su firmeza técnica y su personalidad escénica. Albelo volvió a poner en pie al Euskalduna con una recreación personal y genuina del 'Una furtiva lagrima' de L'elisir d'amore, una página que domina a placer. El broche final fue una espectacular interpretación del dúo 'Vieni fra queste braccia' de I Puritani. El estupendo ensamblaje de sus voces, la autenticidad de su fraseo, la insultante proyección de sus agudos... Un dúo impresionante, de los que se fijan en el recuerdo por largo tiempo. Cerraban así Albelo y Ciofi un concierto memorable, digno de elogio y aplauso.
      En general estuvieron bien acompañados ambos intérpretes por la batuta de José Miguel Pérez Sierra, al frente de la Orquesta Sinfónica de Navarra, solvente asimismo en las páginas orquestales incluidas en el programa. Un acompañamiento profesional, con la dosis justa de teatralidad, con sentido melódico y atenta siempre al respirar de los cantantes.
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