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CRÍTICA: JUAN DIEGO FLÓREZ Y PATRIZIA CIOFI INTERPRETAN 'LOS PESCADORES DE PERLAS' EN EL TEATRO REAL, BAJO LA DIRECCIÓN DE DANIEL OREN. Por Alejandro Martínez

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Autor: Alejandro Martínez
27 de marzo de 2013
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MÁS PESCADORES QUE PERLAS

Les pêcheurs de perles (G. Bizet). Teatro Real, 25/03/13

       Juan Diego Flórez regresaba al Teatro Real tras su anterior visita de 2010, con I Puritani. La expectación era máxima y la sensación al término de estos Pescadores de perlas que nos ocupaban fue un tanto decepcionante. No porque Flórez tuviera una mala noche, sino por un problema general de adecuación técnica y vocal a este repertorio. Su instrumento está intacto y en plenitud, de modo que no cabe hablar de deterioro alguno en su trayectoria. Pero lo cierto es que sigue siendo, por material y por disposición técnica, un lígero idóneo para Rossini y Bellini, pero en modo alguno un lírico puro, que es lo que demanda de hecho el rol de Nadir. De ahí que el tenor se mostrase demasiado inseguro e incómodo a lo largo de la representación, muy lejos de la firmeza y brillantez que acostumbra a mostrar cuando se mueve en su repertorio natural.
      Así las cosas, Flórez dejó un sabor de boca agridulce ya en el primer acto, donde ofreció, qué duda cabe, frases de un belcanto limpio y esmerado, pero también sonidos irregulares y pasajes sin resolver por completo. Fue el caso de la complicada y expuesta aria "Je crois entendre encoré". Llevada por Daniel Oren desde el foso, quizá con un pulso demasiado lento, Flórez buscó aquí recrear una media voz etérea como sostén de su interpretación, con el inconveniente de que dicha media voz no está completamente resuelta en el caso de su ordenación vocal. De ahí la presencia de algunos sonidos calantes y de afinación insegura, cosa insólita en un cantante de su habitual firmeza técnica. La citada inseguridad en el apoyo de la media voz lastró de hecho toda su recreación del aria, de tal modo que su colocación vocal termina por desplazarse, perdiendo armónicos y convirtiendo en inseguros y titubeantes sus ascensos finales al agudo a plena voz, donde Flórez siempre se muestra rutilante. Aquí le encontramos inseguro e incómodo. No por desdén o falta de interés en su interpretación, sino porque busca una recreación que no es posible, por el momento, dados su material y su técnica.

      Algo semejante sucedió durante el resto de la representación. Tan sólo en el dúo con Ciofi del segundo acto su interpretación levantó algo el vuelo, comenzando por el hermoso "De mon amie, fleur endormie", dónde Flórez se mostró más poético en la exposición y realmente cómodo con la tesitura, más central y con esporádicos ascensos al agudo, aquí más firmes y apoyados. Nadie sabe mejor que el propio cantante qué repertorio conviene a su vocalidad. Dios nos libre pues de repartir consejos a nadie, y menos a un profesional de la talla de Flórez. Hasta los más grandes tienen derecho a equivocarse. Es más, precisamente los más grandes, por serlo, son los que más derecho tienen a arriesgar y no acertar de pleno con sus tentativas. Pero hay una evidencia, escuchado su Nadir del Real: no es éste el repertorio donde más lucen sus facultades.
       Patrizia Ciofi es una belcantista indiscutible, a estas alturas de su trayectoria, pero no es menos evidente el desgaste irreversible de su instrumento, hoy ya demasiado áfono y con sonidos estridentes aquí y allá. Durante toda su interpretación de Leila se echó de menos la presencia tímbrica de voces más frescas, con un centro más pleno y lírico y con idéntico desempeño en la coloratura, como podría ser el caso, hoy en día, de Rancatore, Machaidze o Peretyatko, voces más desahogadas aunque con menos oficio e imaginación que Ciofi, seguramente. Su "Comme autre fois" fue más la exposición de unas excelentes intenciones, antes que la resolución cumplida de las mismas. Hubo, qué duda cabe, a lo largo de la noche, instantes de recreación belcantista de primer nivel, y sin duda fue Ciofi la más acorde al estilo de la partitura, pero las carencias, por desgaste del instrumento, también fueron evidentes al oyente.
      El Zurga de Marius Kwiecien fue quizá el más resuelto vocalmente, aunque de una pieza, monolítico, en su vis dramática. El intérprete no se separó en ningún momento de la partitura, como si estuviera ante una primera lectura del rol. Faltó frescura, aunque la emisión fue siempre firme y el instrumento se mostró poderoso. El timbre es levemente leñoso, algo ajeno al lirismo belcantista de esta partitura, y ofrece sonidos fibrosos que delatan una colocación algo atrasada. Pero en todo caso, como ya hemos comprobado en otras ocasiones, estamos ante una voz de barítono muy estimable, que se confirma como una de las más atractivas del panorama actual, sobre todo en otros repertorios distintos a este Bizet que nos ocupa. Más concretamente, se echó de menos un lirismo más resuelto en el "Au fond du temple saint" y creemos que exagero su crispación en su escena del último acto, "L´orage s´est calmé". Muy discreto el bajo el bajo Roberto Tagliavini en las apenas poco más de dos frases que conlleva su Nourabad.
       Esta partitura de Bizet tiene un interés realmente relativo. No va más allá de un trabajo experimental de un joven autor de 25 años, lleno de inspiración en la orquestación, sí, y con estupendas intenciones en el tejido melódico, pero con carencias importantes en un plano dramático, seguramente porque la historia y el libreto, de Michel Carré y Eugène Cormon, carecen de la altura necesaria para llegar más allá (algo que también podríamos decir, sin ir más lejos, del libreto de F. Camprodón y M. Ramos Carrión para la Marina que se representa estos días en el Teatro de la Zarzuela).
      El israelí Daniel Oren estaba al frente de la orquesta, situada esta vez en el foso, no como en otras representaciones en concierto presentadas en el Real. El trabajo de Oren fue más bien discreto. Buena concertación de las voces solistas y abundante requerimiento de dinámicas, pero también exceso de decibelios, falta de lirismo y poesía y una sensación general de recreación de trámite. La sensación general fue la de una lectura bastante superficial. La orquesta y el coro titulares del teatro no fueron tampoco más allá de un desempeño digno, sin mayores alardes, lejos del nivel sobresaliente que vienen mostrando durante esta temporada. Así las cosas, en conjunto, demasiados pescadores para tan pocas perlas.
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