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PLÁCIDO DOMINGO INTERPRETA A CYRANO DE BERGERAC EN EL TEATRO REAL DE MADRID

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Autor: Codalario
9 de mayo de 2012
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Plácido Domingo vuelve al Teatro Real de Madrid para interpretar a Cyrano de Bergerac, el conocido personaje que da nombre a la ópera homónima de Franco Alfano. La dirección musical será de Pedro Halffter y, la dirección de escena, de Petrika Ionesco, que también asume la autoría de la escenografía y la iluminación. La producción, del Théâtre du Châtelet de París, tendrá el aliciente de ver a la soprano vasca Ainhoa Arteta debutar en el coliseo madrileño, después de sustuir a última hora a Sondra Radvanovsky en el papel de Roxane. El reparto se completa con Doris Lamprecht, Cristina Toledo, Ángel Ódena y Franco Pomponi, entre otros. Tras el estreno de mañana, las funciones se repetirán los días 13, 16, 19 y 22 de mayo.

¿QUIÉN ES FRANCO ALFANO?

Franco Alfano (Nápoles, 1875 - San Remo, 1954) ha pasado a la historia como el compositor que completó la inacabada Turandot de Puccini, partiendo de los apuntes de este y aportando ideas propias. Su trayectoria artística pasa por diversas ciudades italianas, obteniendo gran renombre con Risurrezione (Turín, 1904) sobre texto de Tolstoi. La "commedia eroica" Cyrano de Bergerac se estrenó en Roma en 1936, como último vestigio de un depurado verismo,  que en los ominosos años treinta de gobierno fascista en Italia, constituía ya parte del pasado lejano. Alfano pertenecía a la facción conservadora de la generación nacida en torno a los años 1880 y fue uno de los redactores del manifiesto antimodernista que posiblemente, bajo imperativo gubernamental, se publicó en 1932. Para la composición de la música de la comedia de Edmond Rostand, de 1897, partió del estilo verista italiano, con una notoria influencia de Puccini en el tratamiento de la orquesta y de las voces, aunque asumió elementos del impresionismo francés, en particular de Debussy. Esta mezcla se hace evidente también en el libreto de Henri Cain, concebido originariamente en un francés clasicista (que posteriormente se empleó en la Opéra-Comique de París) y traducido al italiano para su estreno en Roma. Junto a las escenas costumbristas del París del siglo XVII, destacan por su refinada música atmosférica, el monólogo Paris la nuit del Acto I y el dúo bajo el balcón del Acto II, con pinceladas de plenilunio al estilo de Massenet. La mención de las cartas del Acto III es, en su patetismo, un canto póstumo a toda una tradición de la lírica italiana. En otros momentos, Alfano elaboró más bien una atenuada partitura orquestal, con un pulso ostinato que en ocasiones recuerda a Stravinski. En cualquier caso, la simplificación ecléctica de la estructura dramatúrgico-musical puede verse como signo de una época de gobierno totalitario, cuyas prescripciones estéticas Alfano asumió.

ARGUMENTO

  Acto I

En el Hotel de Borgoña, en 1640, durante la representación de un ballet, Roxane atrae desde su palco las miradas de los asistentes al espectáculo. Entre los admiradores se cuentan varios oficiales, De Guiche, el cocinero Ragueneau y el cadete Christian, enamorado de Roxane. Cuando el actor Montfleury da comienzo a su actuación, Cyrano insulta desde la platea al pícaro actor y se inicia una acalorada discusión que concluye con la huida de Montfleury y una fuerte discusión entre Cyrano y el vizconde de Valvert. Cyrano aprovecha para cantar una balada en la que se burla del vizconde. La dueña de Roxane indica a Cyrano que su prima quiere verlo en secreto. Mientras el espadachín se hace ilusiones, aparece Lignière, contra quien De Guiche ha decidido enviar a varios hombres, pero Cyrano asume el reto y se propone enfrentarse a ellos. Músicos y parte del público acompañan a Cyrano en una comitiva de antorchas cuando se abre la puerta y se vislumbra un rincón del viejo París bajo la luz de la luna, provocando un poético monólogo del protagonista.

  Acto II

El primer cuadro tiene lugar en la pastelería de Ragueneau. Mientras los cocineros preparan los manjares, Ragueneau improvisa versos sobre todo lo que ve a su alrededor. Cyrano intenta escribir una carta a Roxane, llena de sentimiento. Llegan los poetas amigos del pastelero y cuentan que ocho malandrines han sido abatidos en la Puerta de Nesle. Entra Roxane y se queda sola con Cyrano: tras rememorar la infancia que ambos pasaron juntos, le confiesa que se ha enamorado de un cadete llamado Christian y le pide que lo proteja de las novatadas de los gascones. Roxane se va y aparecen los gascones. Cyrano y los soldados entonan una balada sobre los cadetes de Gascuña, en la que se elogia su valor, su vida pendenciera y su carácter mujeriego. Mientras Cyrano cuenta la hazaña de la noche anterior, Christian realiza comentarios sobre su nariz, tabú entre los gascones. Una vez solos, Cyrano se presenta como primo de Roxane, le transmite el amor que ella siente por él y, ante la impericia de Christian, promete ayudarlo a escribir una carta amorosa: "hagamos entre dos un héroe de novela", dice Cyrano, "yo seré tu ingenio, tú serás mi hermosura". El segundo cuadro lleva por título "El beso de Roxane" y tiene lugar bajo el balcón de esta, en una pequeña plaza del antiguo Marais. De Guiche se despide, pues parte a la guerra, llevándose a Cyrano y a Christian. Ambos llegan y Christian, saturado de fingir tanto con las cartas de amor escritas por Cyrano, pretende dirigirse a Roxane sin ayuda y da inicio a un monótono discurso sobre el amor que provoca el hastío y el rechazo de su amada.  Christian regresa con Cyrano, quien, oculto, entabla un poético dialogo, lleno de bellas metáforas, con Roxane, que cree estar escuchando la voz de Christian. Cuando Roxane pide a "la voz" que suba al balcón a recoger "la flor", Cyrano empuja a un Christian muy indeciso que acaba recibiendo los besos de Roxane.

Acto III

Nos hallamos con la Compañía de Cadetes de Gascuña durante el asedio de Arrás. Algunos se lamentan por el hambre que están pasando cuando llega Cyrano desde el exterior: cada noche atraviesa el frente con una carta para Roxane. Para aliviar el sufrimiento de los soldados, un pastor toca con su pífano una melodía de Gascuña que suscita la triste melancolía de quienes escuchan. Llega De Guiche y todos se aprestan a la inminente batalla. Christian presiente que va a morir y Cyrano le anticipa que ha escrito la carta de despedida para Roxane. En ella descubre el cadete una lágrima y el amor auténtico de Cyrano. Ante la indignación de Christian, una carroza del "Servicio del Rey" trae a Roxane: el único rey "es el amor". Junto con Roxane llega Ragueneau, quien entrega viandas a los hambrientos soldados. Roxane elogia las cartas "de Christian" y recuerda el episodio bajo el balcón; ella declara que lo ama por su espíritu, no por su belleza, y que lo amaría aunque fuese deforme. Christian exige que Cyrano confiese a Roxane la verdad, pero en ese momento se inicia la batalla. Uno de los primeros en caer muerto es Christian, mientras Roxane se desmaya.

  Acto IV

El último acto lleva por título "La crónica de Cyrano". Año 1655: han pasado quince años y nos hallamos en el Convento de las Damas de la Cruz, en París. Roxane, de luto, le explica a De Guiche que ella siempre será fiel a la memoria de Christian. En esos momentos aparece Cyrano de Bergerac gravemente herido; al leer de memoria la última carta de Christian, Roxane descubre que él es el autor de la misma y también quien habló con ella en la escena del balcón. En un momento delirante, Cyrano semeja batirse con sus propios fantasmas hasta caer muerto, tras ensalzar aquello que se lleva sin mácula a la muerte: su gallardía.

Gabriel Menéndez Torrellas

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