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CRÍTICA: LOABLE 'PROHIBICIÓN DE AMAR' DE WAGNER EN EL FESTIVAL DE PERALADA. Por Andrea Merli

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Autor: Andrea Merli
23 de septiembre de 2013
LOABLE Y ORIGINAL

 

Peralada DAS LIEBESVERBOT (La probicion de amar) - Richard Wagner. Isabella: Julia Farres-Llongueras, Dorella: Rocio Martinez, Mariana: Mercedes Gancedo, Friedich: Alex Sanmartì, Luzio: David Alegret; Brighella: Enric Martinez-Castigniani, Pontio Pilato: Marc Rendon, Antonio: Victor Sordo, Danieli: David Pastor, Angelo: Daniel Morales. Dirección musical: Fausto Nardi. Dirección de escena: Georgios Kapoglou. Dramaturgia: Andreas Zeissig. Decorado y vestuario: Peter Sommer. Luces: Marco Pihilpp. M° del coro: Josep Vila. Iglesia del Carmen, 4 agosto 2013.

     Loable y original idea la de la direccion artistica del Festival de Peralada, la de concluir el homenaje a Wagner en su bicentenario precisamente con la "ópera renegada" Das Liebesverboten (La proibicion de amar, o sea La novicia de Palermo), obra que por razones que hoy en dia definiriamos "extra musicales", es decir economicas, fracasò en su debut en el Teatro de Ópera de Magdeburgo íel 29 de marzo de 1836. En este caso, se trata de su estreno en Espana, y eso de por sí deberia haber causado la fiebre en los muchos que se profesan wagnerianos de una pieza. Sin embargo la iglesia del Carmen, donde se representó, aun reducida en su aforo a no mas de unas 200 localidades, puesto que la accion transcurrió entre el altar, en el que se posicionó la orquestra de camara "Ensemble de Cadaques", y la puerta misma del templo, ofreció a la vista bastantes huecos.

    ¿Qué fue lo que pasó? Es posible que los puristas wagnerianos no consideran esta ópera digna de las mayores de su autor. Personalmente siempre fui bastante curioso, y la edición que se dio precisamente en el lugar en el que transcurre la acción, es decir en Palermo, en el Politeama Garibaldi allá por los ochenta del pasado siglo y en italiano, fue motivo de peregrinación melómana. Se pudo comprobar, una vez mas, que Wagner, como luego ampliamente demostró de manera definitiva en sus Maestros cantores, tenía una idea muy propria de lo "cómico", prolijo y filosófico siempre, brillante y alegre en contados casos. Esta Prohibiciòn de amar, rechazada en sus tiempos por el Teatro de Leipzig, por considerarla "obscena", representa el alma juvenil de un compositor de tan solo 23 anos, rebelde y al que Alemania le iba estrecha, que hasta en este esbozo -es un decir, ya que se trata a todos los efectos de un "grand-opera" con ribetes belcantisticos y meyerberianos- ya se demostrò fuera de cualquier posible calificación y revolucionario, tanto en el texto cuanto en la musica.

     La producción que llega a Peralada es importada de Bayreuth, donde se realizó en 2005 por obra del compositor Frank Bohme quién, trabajando en el Festival de Jovenes Artistas de Bayreuth, ya habia cosechado varios éxitos por sus arreglos para óperas con orquestas reducidas. En este caso, cómplice el director italiano Fausto Nardi, se dio un toque vintage, incluyendo para mayor escándalo de los puristas el saxofón y la guitarra eléctrica. El corte regístico practicado con sagacia por el excelente director de escena Georgios Kapoglou, asistido en la nueva dramaturgia por Andreas Zeissig, aprovechando la original labor de Peter Sommerer (Escenografia y vestuario) y de Marco Philipp (iluminacion) han sido muy apreciables para tener una idea dinámica, asimilable y fidedigna, de lo que podría ser, si presentada en su forma original, esta ópera.
 
    La que rebosa de música preciosa y nos hace imaginar que si hubiese alcanzado el éxito que ilusionaba el joven Richard, quizas se hubiese encaminado como Offenbach en los boulevares parisinos en lugar de subir la "sagrada" colina de Bayreuth. Fantasías e hipótesis aparte, evidentemente encontramos en esta ópera ecos de Weber, de Donizetti, hasta de Rossini y de Lortzing. Pero en muchos momentos se percibe el Wagner futuro -especialmente el del Holandes- muy a pesar suyo atado al romanticismo que el mismo combatia. El libreto en sí es un ejemplo de la habilidad del poeta que se esconde y asoma en el genial compositor. El argumento anticipa el femenismo venidero, ya que motor y factotum de la acción es precisamente la novicia que logra salvar al hermano y a desenmascarar a Frederich, el tremendo e irreducible gobernador aleman de Sicilia, que por un lado proibe el amor en Carnaval y sin embargo, aun siendo casado, rechaza su esposa y acosa a una joven belleza. 
    Como anticipado, Kapoglou usa el espacio de la iglesia como campo de acción, que de hecho trascurre con el público sentado alrededor y en cierta manera, participe y parte de la acción. Pocos los elementos de attrezzo: unas sillas una mesa y, curiosamente, el suelo recubierto de corcho en pedazos. Un vestuario mínimo: puesto que los intérpretes son jovenes y fisicamente responden perfectamente a sus respectivos roles, llevan unos uniformes de colegialas las mujeres y los hombres van de pantalon negro y camisa blanca. Sin embargo el trabajo individual es sensacional, muy bien realizado y admirablemente estos artistas han interpretado y cantado a la vez con movimientos articulados y hasta de baile, ayudados por una buena cantidad de monitores de TV que les permitieron ver al maestro Nardi aun estando de espaldas a la orquesta. El coro de camara del Palau de la Musica Catalana de Barcelona ofreciò una ejecuciòn magnifica, teniendo en cuenta que a sus elelementos se les pidio también actuación de solista. El trabajo de su mentor, Josep Vila, digno de todo respeto. Entre los solistas hay que mencionar la buena prueba del baritono Enric Martinez-Castignani, el cruel y al mismo tiempo grotesco Brighella, que en ausencia del gobernador se autoproclama juez, los dos excelentes tenores David Alegret, el enamoradizo Luzio y Vicenç Esteve, el perseguitado y vehemente Claudio. Muy bien el baritono Alex Sanmartì, autoritario dictador Friederich y un cameo cómico el del tenor Marc Rendon, Pontio Pilato.

    Entre las mujeres, apreciables las bonitas voces y buen canto lirico de Julia Farrés-Llongueras, Isabella, Rocio Martinez pizpireta y sexy Dorella y Mercedes Gancedo, mezzosoprano aterciopelada, en el conmovedor rol de Mariana. Fausto Nardi se demostró perfectamente dueño de la situación en todo momento, sacando el máximo partido de la reducida orquesta que en ningún momento, y debido también a la peculiar acústica de la iglesia, hizo desear una dinámica mas fuerte. Fue una ocasión muy interesante también por una cuestión divulgativa a demostración de como con pocos y escasos medios, pero con muchas ganas de trabajar y entusiasmo, se pueden lograr resultados que a menudo no alcanzan equipos de mayor envergadura. Y al mismo tiempo que esta manera de hacer música y teatro, de manera desenfadada pero profesional, es fácilmente exportable y aprovechable para su difusión.
 
Foto: Eddy Kelele
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