Crítica de Raúl Chamorro Mena del Réquiem de Mozart en el Festival de Aix-en-Provence, dirigido por Raphäel Pichon y con escena de Romeo Castellucci.
La fina línea entre lo epatante, lo pretencioso y lo ridículo
Por Raúl Chamorro Mena
Aix-en-Provence, 12-VII-2026, 22 horas. Teatro del Arzobispo. Espectáculo ideado por Romeo Castellucci que incluye como base el Réquiem en Re Menor K. 626 de Wolfgang Amadeus Mozart junto con fragmentos de otras composiciones de Mozart y otros autores. Mélissa Petit, soprano. Beth Taylor, mezzosoprano. Duke Kim, tenor, Alex Rosen, bajo. Ramy Lazreq, voz blanca. Coro y Orquesta Ensemble Pygmalion. Dirección musical: Raphäel Pichon. Dirección de escena, escenografía, decorados e iluminación: Romeo Castellucci. Coreografía: Evelin Facchini.
El protagonismo omnímodo de los directores de escena en el teatro lírico actual ha abonado inmensos egos, que creen situarse por encima de cualquier otro talento incluidos los propios autores de las obras. Romeo Castellucci, que es uno de los considerados más “vanguardista” o “rompedor”, toma como base en este espectáculo que data de 2019 y que se ha podido ver en diversos lugares -incluido el Liceo de Barcelona- una misa de difuntos destinada a interpretarse en ámbito sacro o en su defecto, en una sala de conciertos, para crear una dramaturgia que, nada menos, pretende realizar una reflexión sobre la vida, la muerte y el desarrollo de la humanidad con gran carga simbólica y visual. Como sabemos, el Réquiem de Mozart es una obra inacabada, que concluyó su alumno Franz Xavier Süssmayr, al cual se le suma más música, de Mozart y de otros, incluido canto gregoriano, para llegar a una duración asumible para una velada en un teatro de ópera. En definitiva, aunque el espectáculo se anuncia como Réquierm de Mozart y es su “gancho”, lo que vemos es otra cosa y con una cantidad limitada de música del genial Salzburgués.
Desde el comienzo con una anciana que fallece en su cama y desaparece, muy bien logrado el efecto, hasta la aparición final del bebé llorando, se suceden una serie cuadros que buscan impactar visualmente y evocar supuestos rituales ancestrales del ser humano, mediante variedad y profusión de colores llamativos. A mí, desde luego, no me es grato ver cómo se llena de pintura a una niña y luego se la cuelga de la pared como una brocha, tampoco la cantidad de tonterías que realizan los miembros del coro y figurantes sobre el escenario. La lista de ciudades, monumentos, obras de arte y creaciones humanas extinguidas, que se proyecta al fondo del escenario, a la que se ha añadido todo lo destruido en Gaza por el ejército israelí, nos indica que no sólo el ser humano es finito, también su creación y que es capaz de crear lo más sublime y también de destruir. Vamos, todo un descubrimiento.
En fin, en opinión del que esto firma, el espectáculo, ni por concepción, ni por desarrollo consigue lo que pretende su autor y para lo cual adultera una obra como el Réquiem de Mozart, del que se sirve como reclamo de un montaje fallido y fundamentalmente aburrido.
Eso sí, el nivel musical fue muy alto con una gran actuación por parte del Ensemble Pygmalion, tanto orquesta como el coro, aunque me gustaría destacar a este último. Espléndido por empaste, caudal, ductilidad y brillantez sonora, tanto la sección femenina como la masculina, y con especial mérito dada la labor escénica que realiza.
La agrupación dirigida por su fundador Raphäel Pichon resultó impecable por propiedad estilística, pulimiento tímbrico, diáfanas texturas, brillo y fraseo bien calibrado, capaz de contrastar los momentos de mayor espiritualidad y recogimiento con los más dramáticos como el Dies Irae o el Confutatis.
Entre los solistas destacó la voz amplia y resonante de la mezzo Beth Taylor y la finura y sensibilidad de la soprano Mélissa Petit. Discreto el tenor Duke Kim. Por su parte, el bajo Alex Rosen exhibió empaste y sonoridad, pero cierta tosquedad canora.
Numerosos abucheos recibieron la representación al final de la misma, que provocaron algunos bravos de enfrentamiento y con ello, una división de opiniones, que, seguramente, agradará al responsable.
Fotos: Festival Aix en Provence
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