Crítica de Magda Ruggeri Marchetti de Rapsodia satánica y Cavalleria rusticana de Mascagni en Bolonia
Una velada con Pietro Mascagni
Por Magda Ruggeri Marchetti
Bolonia. 21-III-2026. Teatro Comunale Nouveau. Rapsodia satánica [Pietro Mascagni / Nino Oxilia]. Cavalleria rusticana [Pietro Mascagni / Giovanni Targioni-Torzetti y Guido Menasci]. Saioa Hernández [Santuzza], Nino Chikovani [Lola], Roberto Aronica [Turiddu], Roman Burdenko [Alfio], Elena Zilio [Lucia], Fanny Eszter Fogel [Una voz]. Orquesta y Coro del Teatro Comunale. Director de escena: Emma Dante. Directores musicales: Carmine Pinto y Daniel Oren.
Es frecuente combinar en un díptico la Cavalleria rusticana de Pietro Mascagni con obras de similar brevedad. En esta velada la dirección artística del Teatro Comunale ha optado por preceder esta ópera de Mascagni con otra obra musical del mismo autor, Rapsodia satánica, concebida como “poema sinfónico para un film”.
Mascagni fue de los primeros compositores en Italia en afrontar el cine, firmando en esta ocasión una banda sonora capaz de traducir el lenguaje del melodrama en escritura cinematográfica. El film Rapsodia satánica, escrito y dirigido por Nino Oxilia, tiene como protagonista a una diva del cine mudo italiano, Lyda Borelli, considerada por su talento la heredera de Eleonora Duse. Su actividad de actriz cesó en 1918 con su matrimonio con el conde Vittorio Cini. Rapsodia satánica es un raro ejemplo de “poema cinematográfico”, impregnado de estética liberty y sugerencias dannunzianas, derivado del texto de Fausto Maria Martini. La trama representa el mito faustiano en femenino: la condesa Alba d’Oltrevita entrega su propia alma en cambio de la juventud, pero el destino la arrolla cuando el amor la lleva a violar el pacto. La película proyectada es la versión restaurada por la Fondazione Cineteca de Bolonia y por la Cinemathèque Suisse, estrenada en 2015 en el ámbito de la XXIX edición del festival “Il cinema ritrovato”.
La partitura de Mascagni, propuesta en la revisión efectuada por Marcello Panni en 2005, despliega aquí temas de inmediato agarre expresivo y refinadas atmósferas decadentes, instaurando un intenso y preciso diálogo entre música e imagen. Se resaltan algunos puntos fijos: las apariciones de Mefistófeles, y dos asolos de piano de Lyda, las temáticas del desdoblamiento (los hermanos, los intervalos reflejados, la escena final con Borelli con los espejos) y el espectador asiste a la disputa entre los dos hermanos. No hay expresión, gesto, o ondear de velos que no encuentre lugar en la partitura. Mascagni compuso uno de los acompañamientos más refinados del cine mudo. Ha dirigido la orquesta del Teatro Comunale el maestro Carmine Pinto, ejecutando la música en vivo durante la proyección del film. Su lectura acompañó eficazmente la nostalgia del cine en blanco y negro de los años veinte, exaltada por una coloración de la restauración deliberadamente borrosa y desvaída: sombreado rojo para la capa de Mefistófeles, rosa para la indumentaria de Lyda y levemente verdoso para los jardines.
Muy distinta la atmósfera de Cavalleria rusticana, ópera derivada de la homónima novela de Giovanni Verga, y primer gran éxito de Mascagni debutando en Roma en el teatro Costanzi el 17 de mayo 1890, que vemos ahora con la dirección de Emma Dante retomada aquí por Federico Gagliardi y repensada para el escenario del Nouveu. El drama verista deviene una reflexión sobre la relación entre lo sacro y lo profano, sobre la identidad siciliana y sobre la opresión de la mujer. Las escenas de Carmine Maringola, en las que predomina el negro, sapientemente iluminadas por Cristian Zucaro, son simples pero muy particulares: las escaleras y los balcones a los que se asoman las mujeres con sus coloridos abanicos y donde se hablan y espían. Bello el carro tirado por caballos que son mujeres vistosamente ajaezadas, perfectos el vestuario de Vannessa Sannino y la coreografía de Manuela Lo Sicco. La directora afirma que Sicilia no es la que cuenta la ópera pero tampoco ha ofrecido una lectura contraria, manteniendo la obscuridad de los velos negros y la presencia de los crucifijos en las procesiones religiosas. Ha querido narrar las relaciones entre el alma siciliana y lo sacro, la compresencia de la vida profana y la religiosa, la opresión de la mujer.
El maestro concertador y director Daniel Oren obtuvo una orquestación correcta y funcional, bien argumentada en términos de color y amalgamas tímbricas. La música tiene la fuerza dramática y el fuego que puede inflamar una escritura tan sanguínea, y lo que se escucha parece estar más motivado por el énfasis que por una real urgencia narrativa. La orquesta del Teatro Comunale dió lo mejor de sí, arrastrada por la concepción musical del director y lució especialmente en el bellísimo preludio, donde la batuta marcó unos tempi pausados dejando que el sonido de los violines estremeciera a la audiencia. Magnífico el coro preparado por Giovanni Farina.
Óptimo el cast. Roberto Aronica (Turiddu), con una técnica solidísima, un timbre luminoso y una entonación perfecta, sabe dar vida al personaje garantizando una línea de canto limpia y escultórea. La estatura mayúscula del artista se mide en la glosa final del dúo. Aronica sabe lanzar aquél grito desafiante “Dell’ira tua non mi curo” con un acento a la vez cortante y noble, pero dona al personaje toda su desesperada fiereza. Roman Burdenko configuró un Alfio creíble, tanto desde el punto de vista interpretativo como vocal, con facilidad de movimiento y con un control de volumen indudable, proyectando y dejando fluir su voz por la sala con suma facilidad. Saioa Hernández en el papel de Santuzza demostró tener una voz rica en matices que domina la técnica del canto yque sabe estar en el escenario. Su canto fue enérgico, brillante, proyectado con timbre oscuro de gran belleza y un volumen que en todo momento estuvo por encima de la orquesta. Elena Zilio diseñó una óptima mamma Lucia con naturalidad y verismo, escueta en los gestos y nunca concediéndose efectos que no salgan del mismo personaje. Su presencia escénica imprime un peso específico a toda intervención haciendo de su papel de madre un pequeño referente moral de toda la historia. Completa correctamente el cast la Lola de la mezzosoprano Nino Chikovani. Calurosos aplausos a todos los artistas.
Fotos: Andrea Ranzi
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