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Crítica: 'Réquiem' de Verdi en el Teatro Jovellanos de Gijón

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Autor: Aurelio M. Seco
31 de enero de 2010
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Orquesta Sinfónica Ciudad de Gijón

 La Voz de Asturias (31/01/10)

Lugar: Teatro Jovellanos. Fecha: 29 de enero. Réquiem de Verdi

UN "RÉQUIEM" QUE SABE A "GLORIA"

Hay ocasiones en las que se llega a sentir incluso rabia por la falta de justicia artística e incomprensión que se da respecto a  ciertas personas, grupos o entidades. La primera vez que vi dirigir a Óliver Díaz tuve la misma sensación que cuando oí a Beatriz Díaz, que vi dirigir a Pablo González, que oí, extasiado, las delicias de El León de Oro o la pulcritud estilística de Forma Antiqva. Desde ese preciso momento me resultó fácil entrever que Óliver Díaz estaba destinado a ser uno de nuestros más destacados directores musicales. Un director de estilo pulcro, de gesto elegante pero también algo nervioso, y de gran profundidad interpretativa aunque clásico y refinado. Fue un tanto sorprendente que, al igual que ocurría con alguno de los anteriormente citados, no todo el mundo parecía percibir lo evidente de la misma manera. El "Réquiem" de Verdi que el viernes se pudo oír en el Jovellanos dejó claras varias cosas: que el Orfeón Donostiarra sigue siendo un auténtico privilegio para los sentidos y uno de los mejores conjuntos corales de Europa, y que Óliver Díaz es un director de gran talento. Su versión fue, simplemente, magnífica, se la mire por dónde se la mire. Resultó precioso el contraste dramático entre el sereno y contemplativo comienzo de la obra y la fuerza explosiva del "Dies irae", por poner sólo un ejemplo. Claro que también se pueden poner sobre la mesa algunas inconsistencias musicales de la orquesta que, no obstante, también es posible encontrar en otros conjuntos asturianos profesionales -la OSIGI no lo es- que, cuando resultan igual de inconsistentes, muy pocos se acuerdan de destacarlo con las mismas ganas. Díaz ofreció una versión musical profunda de necesidad, precisa en el gesto hasta decir basta, con una concepción técnica y estilística totalmente de vuelta de la obra, lo que, en una composición tan difícil como esta, resultó ciertamente admirable. Los matices interpretativos fueron muchísimos, muy cuidados y personales, que permitieron ver su propia versión de la obra, y llegaron a emocionar en más de una ocasión, a pesar de la mala acústica que el Jovellanos presenta para la clásica. Hay quien seguirá diciendo que este teatro tiene buena acústica, como hay quien seguirá poniendo peros al trabajo de Díaz, inusualmente incomprendido en nuestra región, no sé por qué. En el Jovellanos se nota todo, porque su acústica es muy seca, poco jugosa. El sonido no se expande apenas, casi no resuena, y es por esto por lo que, la misma orquesta en el Jovellanos y en el Auditorio de Oviedo, parece otra. Los solistas ofrecieron una versión, sino brillante, sí consistente, a pesar de algún problema de afinación y empaste. Dos de ellos, Martin Tzonev y Mario Malagnini no parecían estar en perfectas condiciones, pero aún con todo, la versión resultó convincente. Svetla Krasteva es una soprano de sobra conocida en Gijón, de hecho, demasiado conocida, porque su reiterada inclusión en todas las ocasiones es un aspecto muy poco serio que llega a cansar. Artísticamente no se le puede hacer ningún reproche, más bien al contrario, porque Krasteva es una artista realmente admirable, capaz de sorprender con recursos líricos estratosféricos ante lo más complejo de la partitura. Resultó muy emotiva su participación en el "Libera me". Mario Malagnini es un tenor técnicamente muy seguro, un cantante de calidad para un "Ingemisco" dificilísimo, que también podría haber sonado algo más cálido y emotivo. Lola Casariego dibujó muy bien su línea de canto, que sigue sonando mucho mejor como mezzo que como soprano. Tzonev tuvo algún ligero problema puntual, pero es un gran cantante, desde luego mucho mejor de lo que demostró el viernes, habiéndolo hecho bien. A todo ello hay que unirle un Orfeón Donostiarra realmente magistral, que uno oye sin sobresaltos, con toda tranquilidad, porque está llevado con mano maestra. Este "Réquiem" pasará a la historia como la velada artística más ambiciosa y conseguida de las llevadas a cabo hasta la fecha por la Orquesta Sinfónica Ciudad de Gijón.  Fue un "Réquiem" que supo a "Gloria", por la interpretación y porque estamos ante una orquesta poco apoyada institucionalmente, que a lo largo del año se ve abocada a hacer milagros artísticos con pocos recursos, pero con un director de primera al frente.

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