Crítica de Magda Ruggeri Marchetti de la ópera Idomeneo de Mozart en e Bolonia, bajo la dirección de Roberto Abbado
Lectura metafísica de un clásico
Por Magda Ruggeri Marchetti
Bolonia. 24-I-2026. Teatro Comunale Nouveau. Idomeneo [Wolfgang Amadeus Mozart / Giambattista Varesco]. Antonio Poli [Idomeneo], Francesca Di Sauro [Idamante], Mariangela Sicilia [Ilía], Salome Jicia [Electra], Leonardo Cortellazzi [Arbaces], Xin Zhang [Gran Sacerdote], Luca Park [voz del oráculo], Chiara Salentino y Matilde Lazzaroni [dos cretenses], Tommaso Norelli y Massimiliano Brusco [dos troyanos]. Orquesta y Coro del Teatro Comunale. Director de escena: Mariano Bauduin. Director musical: Roberto Abbado.
Idomeneo inaugura la temporada de ópera del Teatro Comunale, la primera firmada por la superintendente Elisabetta Riva y el director artístico Pierangelo Conte. Mozart deseaba ardientemente escribir una ópera y se puede imaginar el entusiasmo con que recibió del Teatro de Múnich la comisión de Idomeneo para representarla en 1781 en el Residenztheater durante el caranaval.
Esta ópera ocupa una posición central en la producción teatral de Mozart y no solo como anticipación de la renovación del teatro musical nacido de la gran reforma de la ópera seria de Gluck a mediados del siglo XVIII. Cuando escribió esta ópera tenia 24 años pero sabía ya perfectamente cómo construir un drama musical abriendo un nuevo camino para desarrollar en forma moderna la antigua ópera seria insertando los números de conjunto, dúos, tercetos y cuartetos. Esta ópera mira al futuro también desde el punto de vista musical. Mozart encuentra una tinta armónica muy audaz, anticipando ciertas soluciones adoptadas en los trabajos de los años sucesivos, contando también con una orquesta capaz de expresar una rica variedad de claroscuros sonoros.
Los protagonistas de la ópera son los hijos de los héroes de la Ilíada. Los troyanos que han logrado sobrevivir se encuentran prisioneros en Creta. La princesa troyana Ilía se ha enamorado de Idamante, hijo de Idomeneo, rey de Creta, que corresponde a su amor. Ante este amor arde de indignación Electra, hija del rey griego Agamenón, que también aspira a la mano de Idamante, y cree tener mayor derecho por pertenecer al bando de los vencedores. Idomeneo está regresando a Creta y una terrible tempestad amenaza con hacer naufragar la embarcación y jura a Neptuno que si le salva le sacrificará la primera persona que encuentre llegando a tierra, pero desgraciadamente esta será su hijo Idamante que ha salido a recibirle. Para intentar salvarle quiere enviarle a Argos con Electra, pero en las playas un monstruo marino impide partir.
Dirige la orquesta Roberto Abbado, ganador en 2008 del premio Abbiati, director principal de la Filarmonica del Teatro Comunale, que ha subido al podio de numerosas producciones operísticas, conciertos sinfónicos y de otras prestigiosas orquestas. Según el Director es una ópera que nace de la gran reforma de la ópera seria, heredad que Mozart hizo fructificar de manera prodigiosa tanto desde el punto de vista musical como dramático. Se nota su excepcional instinto teatral que capta perfectamente las situaciones dramáticas y el carácter de los personajes usando una riquísima variedad de formas expresivas para enlazar de manera fluida toda la trama. Roberto Abbado delineó un Mozart equilibrado, con buen pulso, claro y refinado, acompañó los recitativos y expuso con convicción la riqueza de la orquestación, cuidando el sonido y mostrándose atento y colaborador con los cantantes. Abbado creó siempre el justo clima para cada situación escénica. Los muchos recitativos fundamentales en esta ópera fueron ejecutados espléndidamente por el director y los cantantes, confluyendo espontáneamente en los fragmentos musicales. Notable el coro en sus numerosas intervenciones. Magnífica la interpretación del gran coro del III Acto, perfectamente preparado por Gea Garatti Ansini, y al que Mozart asignó el mismo protagonismo que a los cantantes, todos de buen nivel.
Mariangela Sicilia (Ilía) bordó con infinita gracia sus bellísimas arias con un sonido juvenil, acentuando con intención los recitativos, y triunfó frente a un “Padre, germani, addio” de aceptable factura y una gema como el aria del III Acto “Zeffiretti lusinghieri”. La mezzosoprano Francesca Di Sauro en travesti (Idamente) lució una voz sonora, con gran proyección. Su buena línea de canto le permitió ofrecer algunos detalles de buen gusto en las arias “Non ho colpa” y “Il padre adorato” y en la introducción del terceto. Su voz con timbre luminoso canta con clase y domina las agilidades. El tenor Antonio Poli encarna a Idomeneo y luce su gran eficacia interpretativa, su atractivo timbre y esmerado fraseo. Interpretó perfectamente “Fuor del mar” y “Torna la pace al core”. El tenor tiene una voz de bello color y agudos fáciles. La soprano Salome Jicia (Electra) es el único personaje perdedor al final de la ópera. El amor no correspondido que siente por Idamante se combina con acentos agresivos en el aria “D’Oreste d’Aiace”. Su voz con proyección y penetración ofreció sonidos con verdadero mordiente. Óptimos los comprimarios Leonardo Cortellazzi como Arbace, (confidente del rey), Xin Zhang (Gran Sacerdote de Neptuno) y Luca Park (voz del oráculo de Neptuno).
Pasados tres lustros de la primera y única representación en Bolonia de esta ópera, no es inmediata la comparación de las realizaciones escénicas, pero la intención del director Mariano Bauduin de exaltar la dimensión metafísica inconsciente del drama se puede considerar lograda en este espectáculo. La alusión clásica del vestuario de los personajes, los soldados de armadura estilizada, el blanco aire sacerdotal del numeroso coro, están a tono con una escenografía centrada en la jaula de barrotes lígneos de la cautividad de Ilía, una gran roca -patria, destierro y desgarro- que sale y entra en escena abriéndose en dos, todo ello dominado por una volumetría cúbica de transparencias acuosas con vistas al mar tempestuoso de los vídeos. La escena es lo bastante abstracta y ligera para no distraer del verdadero protagonista de la ópera: el canto y la música de Mozart.
A la tradicional obertura musical operística se añade aquí la magnificencia mozartiana de un prolongado cierre orquestal acompañado por el ballet de mimos, minotauro incluído, de la celebración del final feliz del amor de Ilía e Idamante. La euforia del momento contribuyó sin duda a arrancar del público largos aplausos y ovaciones.
Foto: Andrea Ranzi
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