Crítica de Magda Ruggeri Marchetti de la ópera Roberto Devereux en Bolonia, dirigida por Renato Palumbo
La decisión de una reina
Por Magda Ruggeri Marchetti
Bolonia. 17-IV-2026. Teatro Comunale Nouveau. Roberto Devereux [Gaetano Donizetti / Salvadore Cammarano]. Karen Gardeazabal [Elisabetta, reina de Inglaterra], Vladimir Stoyanov [Lord duque de Nottingham], Raffaella Lupinacci [Sara, duquesa de Nottingham], Francesco Demuro [Roberto Devereux, conde de Essex], Pierluigi D’Aloia [Lord Cecil], Nicolò Donini [Sir Gualtiero Raleigh], Tommaso Norelli [Un paje], Giuseppe Nicodemo [Un familiar de Nottingham]. Orquesta y Coro del Teatro Comunale. Director de escena: Alfonso Antoniozzi. Director musical: Renato Palumbo.
Rara obra en Bolonia, donde no se había representado desde 1992 y aun entonces habían pasado 150 años desde su primera en el Teatro Comunale. Basada en la tragedia Élisabeth d’Angleterre de Jacques-François Ancelot, la historia se inspira en la relación entre Robert Devereux, conde de Essex, y la reina Isabel I de Inglaterra, último soberano de la dinastía Tudor. En la corte real inglesa abundan amores, celos, e intrigas políticas, un drama centrado en la soberana, una ópera que evidencia la soledad del poder real y el paso inexorable del tiempo. La historia narra la decadencia de una reina que se debate entre la razón de estado y las pasiones privadas. Una trama que culmina en la última aria de Elisabeth, en que la reina, tras haber condenado a muerte al hombre que amaba, manifiesta el deseo de dejar el trono.
El espacio escénico ideado por Antoniozzi se inspira en elementos arquitectónicos que evocan la estructura del Globe Theatre y la atmósfera de la Inglaterra isabelina. El Globe Theatre de Londres, fue fundado en 1599 por la compañía de Shakespeare y demolido en 1644. La elección escenográfica ha sido doble: por una parte evocar el periodo histórico y por otra recordar al espectador que se encuentra en un teatro, con paneles góticos que recuerdan las vidrieras de Windsor. En este contexto simbólico los años de reinado pesan sobre ella: los días siempre iguales, dominados por su papel institucional y la renuncia a ser mujer, se vuelven insufribles. En nombre de la razón de estado y de los celos, Elisabeth libera finalmente su personalidad femenina. Se muestra como es, obligando a todos a mirarse dentro, a desenmascararse, a representarse a sí mismos. Magníficos el vestuario de Gianluca Falaschi y la iluminación de Paolo Liaci.
Se ocupó de la dirección musical Renato Palumbo, director de orquesta huésped de los principales teatros y festivales internacionales, desde la Scala de Milán a la Opéra de Paris, del Royal Balet y Opera de Londres a la Wiener Staatsoper, hasta la Arena de Verona y los escenarios de Hamburgo, Tokio, Buenos Aires, Madrid y Barcelona. Cavaliere de la Repubblica Italiana por méritos artísticos y huésped frecuente de la Fondazione Lirico Sinfonica Felsinea, su batuta evitó posibles excesos a costa de algunos colores y contrastes necesarios. Estuvo muy atento a lo que sucedía en el escenario sobre todo con la soprano protagonista. Destacó sobre todo un exquisito acompañamiento a los cantantes que se vieron siempre muy bien apoyados. La óptima orquesta del Teatro Comunale siguió la batuta del maestro con fidelidad. Perfecto el coro preparado por Giovanni Farina.
También el cast fue de óptimo nivel. La soprano Karen Gardeazabal (la reina) consiguó un gran éxito y nos dejó lo que ya es un hito de la historia reciente del Teatro Comunale, demostrando una entrega total ya en su aria de salida e impactando al público que la premió con una larga y entusiasta ovación. También logró profundizar en la caracterización que nos presenta una mujer de fuerte carácter, apoyada en unas dotes de soprano que atraviesa un estado de forma exaltante y es consciente de ello, lo que le permite entregarse a fondo de principio a fin. Raffaella Lupinacci encarna a Sara, la mezzo italiana, esposa del duque de Nottingham, pero con una relación de afecto hacia Devereux desde niños cuando los juegos infantiles mezclaban tramas de poder. En el cantable de salida su voz brilló luciendo su fraseo belcantista, algo caprichoso y con agudos pulcros y pulidos. Francesco Demuro en el papel del título lució un canto redondo y luminoso. Sus frases en los dúos con Elisabeth y con Sara insuflaron calor y lirismo. El definitivo delirio del público llegó con la monumental escena final de la ópera. El tenor mostró su buen gusto, impecable ligado, refinado fraseo y su total dominio del estilo. El barítono Vladimir Stoyanov en el papel de duque de Nottingham con timbre atractivo, buen agudo y gran sentido musical cantó muy bien su magnífica cavatina, ejemplo de declamación melancólica donizettiana. Se mostró algo rígido tanto en escena como vocalmente, sobre todo al comienzo de la ópera. Correctos los comprimarios Pierluigi D’Aloia como Lord Cecil, Nicolò Donini (Sir Gualtiero), Giuseppe Nicodemo (un familiar de Nottingham) y Tommaso Norelli (un paje).
Fue una gran noche sellada por un éxito excepcional, sonoros bravos y largas ovaciones, especialmente dedicadas a Francesco Demuro y a Karen Gardeazabal.
Fotos: Andrea Ranzi
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