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CRÍTICA: 'ROMEO Y JULIETA' DE GOUNOD EN EL NUEVO TEATRO COMUNALE DE SASSARI

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Autor: Andrea Merli
21 de noviembre de 2012
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ÉXITO ROTUNDO

Sassari. ROMÉO ET JULIETTE - Charles Gounod. Juliette, Burcu Uyar ; Stéphano, Alessandra Palomba ; Gertrude, Lara Rotili ; Roméo, Jean François Borras ; Tybalt, Blagoj Nacoski ; Benvolio, Andrea Giovannini ; Mercutio,  Francesco Verna ; Paris, Gianluca Margheri ; Grégorio, Lucio Mauti ; Capulet, Dario Russo ; Frère Laurent, Enrico Turco ; Le Duc, Antonio Bargallo. Director: Sergio Alapont. Director de escena: Andrea Cigni. Teatro Comunale, 12/10/2012.

      Tras un concierto sinfónico inaugural, por fin la ópera ha hecho su debut en el nuevo y flamante Teatro Comunale  de Sassari,  terminado tras ¡casi treinta años de obras! El título elegido fue  Roméo et Juliette, en la elegante y muy lograda producciòn firmada totalmente -dirección de escena, escenografia y vestuario- por Andrea Cigni (iluminacion de Fiammetta Baldisseri) procedente del circuito lombardo As.Li.Co., donde debutó el pasado año y que ha sido repuesta, con repartos distintos, en Pisa, Rávena y Rovigo. La preciosa ópera de Charles Gounod ha hecho su primera aparición en Sassari.
      El espectaculo ofreció una lectura moderna pero nada extraña a la dramaturgia original, conjugando el "teatro de regia" con una tradición que en Italia parece irrenunciable. Cigni renuncia, en cambio y voluntariamente, a las mallas y cuellos de la época renacentista y opta por un estilo atemporal,  puede que con alusiones a la moda de los sesenta del pasado siglo, pero sin caer en excesos, jugando con los colores. El azul de la escenografía, practicamente fija; un patio en el que se abren muchas puertas, una lonja que a su vez completa las alturas de una terraza y en el medio del escenario una plataforma, al igual que un ring de boxeo, en cuyo centro se desarrolla buena parte de la acción.

      Los Capuletos van vestidos de blanco inmaculado en contraposición a los Montescos, que van de negro. El minimalismo, que en otras producciones parece rebuscado y un pretexto dramático, tiene aquí una urgencia teatral indiscutible, al igual que la casi total ausencia del atrezzo, lo que pone doblemente en evidencia la cama de Julieta que, desde el preludio, aparece colgada y ensangrentada, señal premonitoria del trágico final. Esta concepciòn del teatro shakespeariano consiente rápidos cambios entre la sucesiòn de los cinco actos en los que està dividida la ópera, concentrándola  tres partes, con beneficio de la duraciòn.
      Magnifico ha sido también el resultado musical de la - en gran parte renovada con valiosos y jovenes elementos- orquesta del Ente Concerti "Marialisa De Carolis" obediente a las órdenes del excelente maestro valenciano Sergio Alapont, que precisamente en Sassari ha cosechado éxitos rotundos con sus precedentes pruebas en el Barbero rossiniano y en la belliniana Norma. Una lectura muy ispirada, pero también analítica, buscando y hallando en la partitura al más refinado Gounod, lleno de preciosidades tímbricas. Bello el uso de dinámicas muy matizadas. Los tempi me han parecido  originales y acertados.
      Sobre la escena ha brillado una artista practicamente desconocida para la mayoría, Burcu Uyar, una soprano turca de noble línea de canto y bella vocalidad, vivaz y precisa en las agilidades del valz "Je veux vivre". Uyar se volvó emocionalmente en los dúos con el amado Roméo, así como en la dificil y temible "aria del veneno" del cuarto acto. Recibió una ovación tan cálida que se mostró visiblemente emocionada.
      Romeo estuvo interpretado por el excepcional Jean François Borras, un tenor que dio muestras de encontrarse en una esplendida forma vocal para estas funciones. Su dicción fue perfecta, algo que no siempre es fácil de encontrar, aun cuando el intérprete es francés. Han impresionado su agudo con squillo y su capacidad para apianar y reforzar el sonido: todo ello le ha garantizado una gran ovación tras la celebre aria "Ah! lève-toi, soleil", caballo de batalla de todo tenor lírico que se precie de serlo. Los demás roles se cubrieron con artistas muy centrados en sus realtivas partes. Citemos a Alessandra Palomba, un juvenil Stéphano, aplaudida tras su ballatella ; Francesco Verna, prometedor baritono ; Blagoj Nacoski, elegante Tybalt ; Alessandro Russo, autoritario Capulet ; Enrico Turco, un Frère Laurent paternal. Oportunamente arisca la Gertrude de Lara Rotili. Mencionemos, al menos, el valiente Duc de Antonio Barbagallo y los puntuales Andrea Giovannini (Benvolio), Gianluca Margheri (Paris) Lucio Mauti (Grégorio). Éxito rotundo.
      Dos palabras respecto al nuevo teatro, construído dentro de un gusto retro -por no decir directamente pésimo-  que incluye color el salmón en su interior con las butacas en rosa antiguo. Siempre es motivo de alegría la apertura de un nuevo espacio dedicado a la música, pero tampoco bien mal dejar claras algunas incongruencias arquitectónicas, relacionadas con la escasa visibilidad que hay desde las galerías y la discutible posición del palco escénico, dispuesto de manera perpendicular a la sala, de tal manera que buena parte de su espacio está desaprovechado. Esperamos que pronto se arreglen este tipo de cuestiones, y que no tengamos que esperar otros veinte años.

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