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SOCHI: UN FESTIVAL OLÍMPICO. Por Alejo Palau

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Autor: Alejo Palau
18 de marzo de 2013
El festival de Sochi tiene lugar cada febrero en la localidad rusa del mismo nombre, bajo la dirección artística de Yuri Bashmet
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Yuri Bashmet
      Es posible que para muchos de ustedes el nombre de Sochi no signifique nada. Pero lo cierto es que esta localidad ubicada en la costa rusa del Mar Negro está a punto de convertirse en el centro del mundo. Sin ir más lejos, en 2014 será el enclave que acogerá los Juego Olímpicos de Invierno, que se espera que cuenten con aperturas y clausuras por todo lo alto (suenan nombres como Netrebko, Hvorovstovsky, Gergiev etc.).
      Aparte, desde hace seis años y con vistas al evento deportivo, la ciudad de Sochi viene organizando el que se ha alzado como el festival más importante del país, el Sochi Winter International Festival of Arts, cuya dirección artística viene firmada por el archiconocido violista ruso Yuri Bashmet, "niño mimado" del régimen soviético y estrella nacional . De hecho, lo primero que me llamó la atención al llegar fue la gran presencia que tiene la figura de Bashmet, reflejada prácticamente en toda lo que gira en torno al festival. Sin ir más lejos, el gran hall del precioso Teatro Zimniy, que acogía las grandes citas, albergó durante esos días una amplia muestra fotográfica del célebre viola. Por otro lado, al maestro Bashmet pudimos también verlo actuar tanto como director como en calidad de solista: un verdadero lujo. 
La programación destacó principalmente por su repertorio de clásica, si bien pudimos disfrutar también de espectáculos con músicas del mundo, teatro, ballet y, como no podía ser menos, ajedrez. 
      El Festival abrió las puertas el 15 de febrero y durante sus 11 días de duración reunió a jóvenes y consagrados solistas de todo el mundo. De este modo, vimos figuras tan preciadas como el legendario flautista Sir James Galway, que aparte de ofrecer una masterclass, tocó en distintos conciertos con su flauta de oro, destacando, por ejemplo, su brillante interpretación del Concierto para flauta y orquesta en re mayor de Mozart. 
      En el mismo nivel escuchamos a la mezzo austriaca Angelica Kirschlager, una de las mayores representantes de la liederística mundial, que hizo frente, con elegancia, a una selección de canciones de Schubert.
En el sector de las cuerdas destacó la intervención de Massimo Quarta con las virtuosísticas variaciones de Di tanti palpiti escritas por Paganini sobre el tema de la ópera Tancredi de Rossini. Un espectáculo pirotécnico que el violinista italiano abordó con su Guarnieri del Gesù de 1742. La misma cita, que tuvo lugar el 24 de febrero, contó con la Chamber Orchestra "Moscow Soloists", que tocaron con más de una docena de instrumentos de época entre prestados por el gobierno ruso entre los que había casi diez Stradivari, y también con el gran violista italiano Luca Ranieri, que afrontó con convicción un programa de música contemporánea junto a Bashmet. 
      Entre las jóvenes promesas cabe destacar a Martin Stadtfeld, el pianista más sobresaliente de la Alemania actual; o el violonchelista ruso Alexandr Buzlov. A ambos intérpretes los hemos podido escuchar recientemente en España y tocaron junto a Ye-Eun Choi tríos de Beethoven y Britten. Por su parte, Buzlov hizo frente también a algunos programas en solitario, demostrando una asombrosa habilidad y sonido con el instrumento.
      Paralelamente, hubo espacio para producciones vocales grandes, con la interpretación de la ópera Die Fledermaus de Strauss por parte de los solistas de la Volksoper y de la Staatsoper de Viena, que fueron dirigidos por Johannes Vildner.  En el mismo campo, el coro italiano de Conegliano hizo sonar el Gloria de Vivaldi, que sirvió de clausura de la sección musical del Festival. Pero también hubo espacio para otras interesantes actividades, como el concierto que ofreció el patriarca del jazz cubano Chucho Valdés, que tocó en Sochi con su banda el día 16. Al igual que hizo el día 23 el grupo de música irlandesa más famoso del mundo, el mítico De Dannan, con un emotivo repertorio que viajó desde la música celta hasta versiones románticas de temas de Edith Piaf.  Como anécdota y para concluir, Anatoli Karpov jugó al ajedrez el día 16 ante una audiencia expectante de ver en acción a una de las grandes figuras de la Rusia soviética. 
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