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Tomás Marco: 'No puede haber un nacionalismo bueno si parte de unas circunstancias en las que alguien se cree diferente o mejor que los demás'

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Autor: Aurelio M. Seco
18 de abril de 2010
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Tomás Marco

La Voz de Asturias (Sábado, 17/04/10)

El 12 concierto de abono de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias permitió asistir, el jueves en el Teatro Jovellanos y ayer en el Auditorio de Oviedo, al estreno en Asturias de la Sinfonía nº 8 "Danza de Gaia" del compositor español Tomás Marco, que se desplazó a la región para la ocasión. Bajo la dirección de Maximiano Valdés, el programa se completó con "La canción de la tierra" de Mahler.

- ¿Cómo es esta Sinfonía nº 8 "Danza de Gaia"?

- Gaia es la tierra, cuyos continentes evolucionaron en tres estadios diferentes: Gondwana, Laurasia y Pangea. Atendiendo a una estructura de tres movimientos encadenados, introduzco diferentes tipos de danzas de todo el mundo, que están tomadas como elemento unificador de las diferentes culturas. En la primera parte son de origen africano y americano, en la segunda europeas y asiáticas, y en la tercera uso danzas de todo el mundo, incluidas las procedentes de la cultura urbana. El último movimiento, Pangea, alude al antiguo continente único que unificaba los actuales. He procurado que las danzas no sean reconocibles, que no sea un continuo ir de danza en danza. Más bien utilizo  sus elementos métricos,  rítmicos y tímbricos.

- Es la primera vez que se oirá en Asturias

- Sí, la obra responde a un encargo del director Ernest Martínez Izquierdo, a quien está dedicada. Él fue quien la estrenó el año pasado con la Orquesta Sinfónica de Navarra. La OSPA es un conjunto algo más grande que además posee un virtuosismo instrumental mayor, lo que permitirá oírla obra a una mayor velocidad, un aspecto interesante, ya que basa su estética en cuestiones rítmicos.

- ¿Ya ha terminado de componer su "Sinfonía nº 9"?

- Dentro de una semana me desplazaré a La Coruña para su estreno. Fue un encargo de Víctor Pablo Pérez y la Sinfónica de Galicia. La he subtitulado "Thalassa", el nombre del mar en griego. Es una sinfonía muy diferente. No he intentado hacer una obra descriptiva; sus características tienen más que ver con determinados recursos tímbricos y de sonoridades graves que con el ritmo, que sin duda es el aspecto más llamativo de la "Octava".

- ¿Qué se ha supuesto para nuestra historia el fallecimiento de Ramón Barce?

- Ramón Barce fue uno de los grandes valores de la Generación del 51. Contribuyó mucho a la que la música española sea lo que es hoy en día. Todos los miembros de la Generación del 51 tenían un perfil intelectual acusado, pero Ramón era el gran intelectual del grupo. No sólo le interesaba la música, sino también otros muchos aspectos como la filosofía o, incluso, la novela. De hecho, ha dejado una sin terminar.

- Sorprendía mucho su modestia

- Era un hombre al que no le gustaba la discusión, ni enfrentarse con nadie. Quizás por eso escribió menos de lo que tenía que haber escrito.

- ¿Le preocupa lo que se dirá de usted y su obra tras su muerte?

- No, ya no estaré aquí para verlo.

- ¿Es usted ateo?

- Sí, no creo que tras la muerte exista la conciencia de uno mismo.

- A ciertos compositores norteamericanos no les gusta demasiado la vanguardia musical española y europea

- Es curioso lo que sucede en Estados Unidos, porque han tenido una figura fundamental, como ha sido John Cage, que lo inventó prácticamente todo, pero que en la actualidad no tiene a nadie que lo siga. Allí hay dos mercados musicales, uno oculto y otro evidente. El evidente es el de las grandes orquestas, que dependen directamente de sus patrocinadores. Con este punto de partida resulta difícil ser vanguardista. Otro mercado es el universitario que, sin embargo, no trasciende tanto como el anterior, pero que posee interesantes corrientes de compositores, y una potente infraestructura de auditorios, teatros de ópera y orquestas que sí están trabajando en direcciones artísticas más novedosas.

- También está la corriente nacionalista

- Independientemente de lo dicho, tras el minimalismo repetitivo llegó una segunda generación de compositores, capitaneada por John Adams, que dice representar nada menos que el nacionalismo norteamericano. Es una corriente que tiene muchos seguidores que han llegado a decir cosas como que Anton Webern fue un agente de la Gestapo. Consideran que en Europa se hace una especie de vanguardia trasnochada. Eso es entender el nacionalismo en el mal sentido.

- ¿Qué opinión le merecen las corrientes nacionalistas que hay en España?

- No puede haber un nacionalismo bueno si parte de unas circunstancias en las que alguien se cree diferente o mejor que los demás. El problema es que confundimos democracia con partitocracia, que es lo que realmente está funcionando en la actualidad. Lo que existe es un número de partidos que, por poner solo un ejemplo, nos obligan a votarles en listas cerradas. ¡Que no nos vengan luego a decir que nos representan porque no es así! En sitios como Estados Unidos uno sabe perfectamente a quien está votando, luego también se conoce perfectamente a quien se deben pedir las explicaciones y responsabilidades oportunas. En España, sin embargo, se dan situaciones como la que un determinado Tribunal Constitucional tarda más de tres años en emitir una sentencia.

- ¿Cómo es la situación de la música actual en España?

- Muy buena. Estamos en un momento en el que conviven varias generaciones. Hay compositores que rondan los 80 años y también mucha gente joven de calidad, con muchas más oportunidades de estrenar, gracias a un número considerable de orquestas y festivales. Otra cosa es preguntarnos si la mayoría de estos jóvenes, que sin duda están mejor preparados técnicamente que generaciones anteriores, tienen la misma capacidad. Es una impresión muy personal, pero quizás noto un menor nivel de exigencia absoluta.

- La SGAE no está pasando por su mejor momento

- Es que la propiedad intelectual nunca había sido respetada hasta ahora.

- ¿Qué le parece que haya peluqueros a los que se les multe por poner música?

- El problema real es que, por ejemplo, hay alguna televisión importante que no paga derechos de autor. Lo demás son tonterías a las que les dan mucha publicidad los periódicos. Y el problema es que los periódicos ya no existen, sino que lo que hay realmente son grandes empresas que, además de prensa, tienen otros negocios como cadenas de televisión o radios, y no quieren pagar. Ese es el verdadero problema.

- ¿Qué piensa de Spotify?

- La escucha directa, es decir, lo que se denomina "streaming", es menos perjudicial que la descarga. La descarga reglada es el futuro.  En sitios como Estados Unidos la situación está mucho más controlada y funciona.

- ¿Qué opinión le merece la contratación de Gérard Mortier como director artístico del Teatro Real?

- Conozco muy poco de lo que va a hacer pero, de cualquier manera, no me parece que vaya a poder solucionar grandes cosas. El problema que de verdad tiene el Teatro Real es saber qué debemos hacer con él; hay que decidir para qué sirve, y ese es un problema que se tienen que plantear las autoridades políticas, pero no lo van a hacer, simplemente porque no están capacitados para hacerlo.

 

- ¿Nunca ha conocido a un político preocupado de verdad por estas cuestiones?

- Recuerdo un solo ejemplo, el de Ernest Lluch. Fue una persona muy culta. Realmente sabía de lo que hablaba. Fue uno de los escasos ministros que asistía a conciertos de música contemporánea.

 

- Los partidos políticos siempre han usado a los artistas

- Hay artistas que son militantes y se dejan utilizar. Si no lo eres y lo permites es que eres un tonto.

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