Crítica de Pablo Sánchez Quinteiro del concierto ofrecido por el Trío Amatis en el Festival de Música Ciudad de Lugo
Momento camerístico estelar
Por Pablo Sánchez Quinteiro
Lugo, 21-V-2026. Círculo de las Artes. 53.º Festival de Música Ciudad de Lugo. Trío Amatis. Partituras de Schubert y Mendelssohn
La presentación del Amatis Trio en el Festival de Música Ciudad de Lugo fue uno de los momentos camerísticos estelares de esta edición. Formado por la violinista Lea Clara Hausmann, el violonchelista Samuel Shepherd y el pianista Mengjie Han, el conjunto ofreció un programa de gran coherencia poética bajo el título «Canciones sin palabras», articulado en torno a la idea de una música capaz de cantar sin necesidad de texto. La propuesta unía el Trío en si bemol mayor nº1, op.99, D.898, para piano de Schubert con una transcripción de una de las célebres piezas homónimas de Mendelssohn y el Segundo trío op.66 del propio compositor, estableciendo así un sugerente arco expresivo entre el lirismo juvenil schubertiano y la plenitud romántica mendelssohniana.
Desde los primeros compases del Trío nº1 de Schubert se percibió una energía realmente estimulante. El Amatis posee la capacidad de impulsar el discurso sin precipitarlo, de hacer que la música avance con una fuerza casi incontenible y, al mismo tiempo, conservar la claridad de cada línea. Hubo en su interpretación una mezcla convincente de frescura, tensión interna y naturalidad expresiva, evitando cualquier tentación de convertir a Schubert en un ejercicio de mera delicadeza. La música respiró con amplitud, pero nunca perdió el rumbo; cada transición pareció surgir de la anterior con lógica propia, como si el conjunto pensara la obra en grandes arcos y no en episodios aislados.
Hausmann desplegó toda la noche una interpretación intensa y luminosa, de sonido firme, afinación precisa y fraseo siempre muy bien proyectado. Su violín no buscó imponerse, pero sí liderar desde la claridad de la intención musical, especialmente en aquellos pasajes en los que la melodía schubertiana exige una mezcla de canto, ligereza y tensión emocional. Shepherd aportó profundidad y una sólida presencia cantábile. Aunque su sonido pudo echar en falta algo más de nobleza tímbrica, el cellista supo sostener el entramado armónico en todo momento, y, al mismo tiempo, asumir con plena expresividad sus momentos de protagonismo. Mengjie Han, por su parte, sostuvo el conjunto con un pianismo flexible, incisivo y siempre atento al equilibrio camerístico, evitando cubrir a las cuerdas incluso en los pasajes de mayor densidad y dotando al discurso de una base rítmica muy viva.
Por encima de individualidades, la principal virtud fue la conexión entre los tres integrantes. No hubo una voz dominante acompañada por las otras dos, sino una conversación real, en la que cada cambio de carácter se produjo de manera orgánica. Esa complicidad resultó especialmente evidente en los juegos de imitación, en los súbitos repliegues dinámicos y en los momentos de expansión lírica, donde el trío supo mantener una tensión expresiva continua sin forzar el gesto. La interpretación tuvo así algo de impulso juvenil y de madurez reflexiva a la vez: una lectura vibrante, transparente y profundamente comunicativa, que convirtió la partitura de Schubert en un verdadero diálogo entre iguales.
La Música sin palabras de Mendelssohn, en una de sus piezas más populares, la op.67 nº2, habitual propina de muchos pianistas mostró en su versión en trío, obra del propio pianista, el lado más íntimo y lírico del conjunto. Leve y evocadora hasta lo indecible, llenó de calor la acogedora atmósfera del Salón Regio del Círculo de las Artes. Fue un magnífico preludio al formidable Trío nº2 en do menor de Mendelssohn, una obra de enormes exigencias técnicas y expresivas, en la que el compositor lleva al límite el equilibrio entre virtuosismo, tensión dramática y claridad formal.
Desde el arranque, la interpretación tuvo una urgencia casi febril, sostenida por un sentido muy firme de la arquitectura y por una admirable capacidad para graduar la intensidad sin caer en el exceso. El Amatis Trio abordó la partitura con una mezcla muy convincente de empuje romántico y control camerístico. En el torturado Allegro enérgico e con fuoco las líneas se entrelazaron con nitidez incluso en los pasajes de mayor densidad, y el piano, de escritura particularmente exigente, mantuvo siempre una presencia poderosa pero integrada. Las cuerdas respondieron con una intensidad expresiva de gran altura, alternando el canto expansivo con una articulación incisiva y vibrante. El Andante espressivo, célebre gracias a la película El ansia en la que Catherine Deneuve y David Bowie recrean su interpretación, fluyó con una levedad proverbial en la que las aristas brillaron por su ausencia. El Scherzo, muy vivo e incisivo, fue abordado a una velocidad vertiginosa que haría las delicias de Fanny Mendelssohn, gran admiradora de la pieza. Y el colofón del Allegro appassionato deslumbró por su enorme fuerza, capaz de arrastrar al público sin sacrificar el detalle, y de convertir la tensión interna de la obra en un discurso continuo, apasionado y plenamente convincente. El momento de aparición del coral luterano Gelobet seist du, Jesu Christ resultó especialmente logrado, no como un simple episodio de contraste, sino como una verdadera culminación espiritual del discurso. El Amatis Trio supo preparar su llegada con admirable sentido de la tensión, dejando que la música se abriera poco a poco hacia una dimensión más recogida y trascendente. Fue un episodio, sostenido con nobleza y sin afectación, que aportó a la interpretación una hondura expresiva muy especial, como si el ímpetu dramático de la obra encontrara de pronto un espacio de serenidad y elevación.
ras la intensidad mendelssohniana, la respuesta entusiasta del público propició una propina que nos trasladó a un mundo sonoro tan distinto y distante como delicioso: el hermoso Schön Rosmarin de Fritz Kreisler. La pieza, servida con elegancia, ligereza y encanto vienés, puso un cierre luminoso a una velada de altísimo nivel, confirmando la excelente impresión dejada por el conjunto a lo largo de todo el recital.
Fotos: PSQ
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