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'TURANDOT' DE PUCCINI, EN EL NUEVO TEATRO DE LA ÓPERA DE FLORENCIA, BAJO LA DIRECCIÓN DE ZUBIN MEHTA

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20 de noviembre de 2011
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      Giacomo Puccini (Lucca 1858 - Bruselas 1924) no llegaría a ver su última ópera sobre los escenarios. De hecho, no pudo siquiera rematar los últimos compases de la partitura, que quedaría inconclusa, dejando a  Franco Alfano- un compositor que ha transcendido mucho más por este final que por alguna de sus propias óperas- encargado de completarla, quedando palpable las diferencias compositivas de ambos genios. El libreto, por su parte, le sería encomendado a Giuseppe Adami y Renato Simoni. El estreno se produjo  en el Teatro alla Scala di Milano el 25 de abril de 1926, con nada menos que el insigne tenor aragonés Miguel Fleta, acompañado de Rosa Raisa en el papel protagonista y Arturo Toscanini en el foso,  quien protagonizó el ya famosísimo parón hacia el final de la obra, diciendo que debía concluir por ser el momento en el que el maestro de Lucca dejó de componer.
      Los primeros acordes nos trasladan de inmediato al paraje exótico de Pekín, donde se declara que la Princesa Turandot podrá contraer matrimonio siempre y cuando sus pretendientes pasen tres irresolubles enigmas que se les propondrá. Eso sí, una vez aceptada la prueba, de fallar, se someterán al trágico destino de la muerte. Por otro lado, se produce el encuentro entre Timur y su hijo Calaf.  Éste, conocedor de las duras pruebas de acceso, repudia en un primer momento la forma gélida de actuar de la princesa. Solo cuando esta hace acto de presencia, se queda prendado de una mezcla de extraña belleza que le embauca hasta el punto de ofrecerse a conquistarla.
      Nadie logra impedir que renuncie a sus propósitos y comienza el reto para asombro de todos, puesto que va superando uno por uno los inquietantes enigmas y consiguiendo así su mano, a pesar de la oposición de Turandot. La ley es estricta al respeto y solo es rota por el valiente joven, que la desafía una última vez. Solo si es capaz de descubrir su verdadero nombre en los primeros rayos del alba, le dará la opción de elegir. Bajo amenaza y presión, el pueblo trata de conseguir por todos los medios el nombre del muchacho, llegando a torturar a su padre y a una joven esclava a sus órdenes que ha estado siempre enamorada secretamente de Calaf, Liù. Proclama que es la única conocedora del nombre, pero se niega a hablar, entonando una hermosísima pieza, antes de darse muerte con un daga. La princesa ha perdido y el joven se descubre diciéndole su nombre, pudiendo volverse en su contra. Concentrados todos los ciudadanos, la princesa declara que el nombre del misterioso es "Amor", quedando unidos infinitamente.
      Hay que recordar que para los oídos de la época, la obra resultaba tremendamente innovadora, encadenada ya en la frontera de la tonalidad y que no todos fueron capaces de apreciar, a pesar de estar más que aceptada y establecida en las programaciones de los grandes teatros líricos. Los más puristas y valientes, no tienen ningún reparo en afirmar (en una época en la que está mal visto criticar o argumentar, aún con bases sólidas, ciertos periodos de la música contemporánea) que con Turandot termina una era compositiva y y muere el género. No hace falta irse a los extremos en ningún caso, pero sí podemos decir que Puccini supo marcar un hito, una escuela y una forma de componer que se ha ido influenciando, con intermitencias, en otros compositores posteriores, aunque en su mayoría se ha perdido.

      La obra en cuestión fue prohibida durante muchos años en China a causa de la censura, siempre vigilante, que no se rompería hasta finales de los 90, cuando se representaría en la Ciudad Prohibida con Giovanna Casolla (una de las últimas grandes defensoras del papel) en el papel principal y Barbara Frittoli como Liù. Otras cantantes que se han apasionado por el papel han ido desde la vertiente más dramática de Nilsson o Maria Callas, la línea de Eva Marton o la belleza de Caballé, hasta la de Sutherland, que sin ser la intérprete ideal del papel, dejó un testimonio en estudio con Pavarotti de agradable escucha. Del mismo modo, las sopranos que se han visto identificadas con el humanismo y fidelidad que desprende la esclava Liù han sido variadas: La misma Caballé compartiendo cartel con Dame Joan, Renata Tebaldi, Schwarzkopf, Cecilia Gasdía o más recientemente, Mariella Devia, que en declaraciones a CODALARIO comentaba que se sentía profundamente atraída por el papel.
      El Maggio Musicale Fiorentino propone ahora una nueva versión en forma semiescénica, con Jennifer Wilson/Elena Pankratova en el papel titular, Jorge de León/Rubens Pelizzari como Calaf, Giacomo Prestia/Alessandro Guerzoni como Timur y Ekaterina Sherbachenko/Serena Daiolo como Liú, con la experimentada batuta de Zubin Mehta en el foso.

Autor:Arian Ortega
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