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VANESSA GOIKOETXEA: «El final de las 'Cuatro últimas canciones' de Strauss es luz»

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Autor: Óscar del Saz
28 de septiembre de 2026

Óscar del Saz entrevista a la soprano Vanessa Goikoetxea con motivo de su participación en el concierto inaugural de la Orquesta Sinfónica de Bilbao, los próximos días 1 y 2 de octubre, jueves y viernes, en el Palacio Euskalduna de Bilbao, bajo la dirección de Eduardo Strausser

Vanessa Goikoetxea

VANESSA GOIKOETXEA: «El final de las'Cuatro últimas canciones' de Richard Strauss es luz»

Una entrevista de Óscar del Saz | @oskargs
Los conciertos de inauguración de la temporada 2026-27 de la Orquesta Sinfónica de Bilbao tendrán lugar el 1 y 2 de octubre de 2026 en el Palacio Euskalduna de Bilbao,con el título «Murmullos del bosque». En estos conciertos, la soprano Vanessa Goikoetxea interpretará las Cuatro últimas canciones de Strauss, bajo la dirección del maestro brasileño Eduardo Strausser. El programa se completa con Waldweben, de la ópera Sigfrido de Wagner y la Séptima sinfonía de Prokófiev. Hablamos con Vanessa Goikoetxea sobre los retos vocales y expresivos de este auténtico testamento musical del compositor alemán.

¿Qué significa para Ud inaugurar la temporada de la Sinfónica de Bilbao (BOS) en el Euskalduna cantando las Cuatro últimas canciones de Richard Strauss y qué referencias ha tomado a la hora de prepararlas?


Inaugurar la temporada de la BOS con las Cuatro últimas canciones tiene para mí un significado muy especial. Primeramente es una orquesta a la que adoro y siento un gran respeto por su mágica sonoridad. La obra es de una enorme madurez artística y humana, y quizá por eso posee la capacidad tan extraordinaria de conectar con los intérpretes y oyentes.

Por otro lado, qué paradójico resulta comenzar una temporada con una música que anuncia el final, el paso del tiempo, la naturaleza cansada, la despedida y la posibilidad de encontrar belleza y serenidad ante lo inevitable.

En la preparación he vuelto, naturalmente, a Strauss y a las grandes intérpretes de esta música (como Jessye Norman o Renee Fleming tan dispares, pero a la vez,complementarias), pero también, y de manera muy especial, a los poemas de Hesse y Eichendorff. Para mí era fundamental no acercarme a estas canciones únicamente desde la tradición interpretativa musical, sino descubrir qué me dicen hoy esas palabras. Strauss escribe desde un lugar de enorme libertad y sabiduría haciendo que la orquesta respire con la voz y prolonga aquello que el texto apenas puede decir.

«En la preparación de Las cuatro últimas canciones de Strauus he vuelto a grandes intérpretes como  Jessye Norman o Renee Fleming»

«Para mí era fundamental no acercarme a estas canciones únicamente desde la tradición interpretativa musical, sino descubrir qué me dicen hoy esas palabras»

¿Su forma de interpretarlas parte más del texto de los poetas, de la música o de una fusión inseparable de ambos?

Para mí son absolutamente inseparables. En Strauss la palabra y la música están tan íntimamente unidas..., y tanto es así que resulta difícil establecer dónde termina una y comienza la otra. Tanto la parte orquestal como la voz solista es una elongación de la otra.

El texto es el punto de partida emocional: hay que comprender cada palabra, cada imagen, cada inflexión del poema y preguntarse lo que el compositor y/o escritor quieren decir.

Después Strauss transforma esa palabra en música, sonidos flotantes donde le otorga otra dimensión. Una respiración, una armonía, modulación, cambios rítmicos, e incluso una determinada línea melódica pueden enaltecer al texto.

Por eso intento cantar siempre desde las palabras, pero a través de la música. Creo que ahí está una de las grandes maravillas de este género musical que es el Lied.

 ¿Significan estas canciones un énfasis mayor en abarcar más repertorio alemán? ¿Quizá más Mahler, más Lied en general?

Sin duda es un repertorio que me atrae muchísimo y que sigo explorando. El mundo del Lied alemán ofrece una profundidad extraordinaria en la relación entre poesía y música, y creo que para un cantante es una escuela permanente de escucha, de palabra y de matiz.

Mahler me interesa en especial, precisamente por esa capacidad de convertir una experiencia íntima en algo de dimensión universal. Pero hay otros grandes compositores como Alban Berg, Korngold, Wolf... ¡Que son grandes genios! Este postromanticismo alemán que tan loca me vuelve.

Es la tercera vez que interpretaré este ciclo, y lo bonito de mi trabajo es que cada vez que vuelves a una partitura aparecen nuevas cosas, descubres y vas compartiendo, completando e integrando todo a la vez.

«Mahler me interesa en especial, por esa capacidad de convertir una experiencia íntima en algo de dimensión universal»

«Me conmueve especialmente la idea de mirar hacia atrás y poder contemplar la propia vida con gratitud»

Estas canciones están profundamente asociadas a la despedida, la memoria y la serenidad ante el paso del tiempo. ¿Cómo conecta usted emocionalmente con este universo poético y musical?

Para mí, ese final es luz.

Lo más conmovedor es que Strauss no habla de la muerte desde la desesperación y agonía. Hay melancolía, por supuesto, pero también una extraordinaria serenidad y una aceptación profundamente humana. Y cuando el ser humano acepta diferentes aspectos de su vida es cuando ese equilibrio se transforma en luz.

Me conmueve especialmente la idea de mirar hacia atrás y poder contemplar la propia vida con gratitud (cosa con la cual me siento muy muy identificada).

En "Beim Schlafengehen", por ejemplo, aparece ese deseo de liberarse del mundo cotidiano y dejarse llevar hacia otra dimensión. Y en "Im Abendrot" hay dos seres que, después de haber recorrido juntos un largo camino, se detienen y contemplan el paisaje. ¿No suele pasar que tenemos la sensación de que el tiempo pasa, pero a la vez hay momentos de la vida que parece que permanecen intactos? Esa mezcla de memoria, belleza y aceptación es, para mí, el corazón emocional de estas canciones.

 Desde el punto de vista técnico, ¿cuáles son los mayores desafíos que presentan estas canciones para Ud.?, ¿quizá el conseguir una fluidez, en apariencia, sencilla?

Richard Strauss escribe para la voz con una generosidad extraordinaria, pero detrás de esa aparente facilidad hay una enorme exigencia. Strauss es un compositor que sabe de voces. El año pasado tuve la gran suerte de debutar Salome, y ahí entendí mucho de su manera de componer.

La línea debe ser muy larga y flexible, y hay que encontrar un equilibrio constante entre la voz y una orquesta de gran densidad y riqueza. Estas canciones necesitan espacio, respiración y tiempo. Por texto y por su música misma. Para mí la idea de ser “una” con la orquesta hace que esa fluidez sea más real y natural.

«Lo más conmovedor es que Strauss no habla de la muerte desde la desesperación y agonía. Hay melancolía, por supuesto, pero también una extraordinaria serenidad y una aceptación profundamente humana»

«Strauss escribe para la voz con una generosidad extraordinaria, pero detrás de esa aparente facilidad hay una enorme exigencia»

En "Im Abendrot" aparece la célebre pregunta "¿Es esto acaso la muerte?". ¿Cómo interpreta usted ese final: como una despedida, una reconciliación o incluso una forma de trascendencia?

“Ist dies etwa der Tot?” La pregunta no me parece en absoluto aterradora. Al contrario: llega después de todo un camino y después de contemplar un paisaje que parece detener el tiempo. Los dos personajes se preguntan si aquello que sienten es la muerte, pero Strauss responde musicalmente de una manera extraordinariamente luminosa. Me encanta deleitarme en estas últimas consonantes st/tw/to:t… Cantar degustándolas, disfrutando de ellas y ese pianísimo que Strauss escribe para abrir el portón de luz y escuchar los últimos trinos en flautas que anuncian la paz interior.

 Strauss mira hacia el final de la vida sin amargura.

¿Le parece que el mensaje último de la obra es la aceptación, la gratitud o la esperanza?

Qué difícil tener que elegir una palabra, pero creo que me decanto por la aceptación desde la gratitud. Strauss no niega el final ni lo dramatiza. Lo contempla con una serenidad absolutamente pasmosa por la gratitud ante la vida y aceptando cada acontecimiento de ella. Y precisamente por eso me parece tan bonito que estas canciones abran una temporada. Porque, aunque hablen del final, no las siento como una música de clausura, sino que hablan de la vida, de todo aquello que merece ser contemplado, recordado y amado.

Strauss convierte la despedida en un gesto de ternura hacia la vida: una última mirada llena de luz hacia todo lo que hemos amado, como si al cerrar los ojos pudiéramos llevarnos con nosotros la belleza de aquello que nos hizo felices.

Foto: Juan Martín

«Strauss mira hacia el final de la vida sin amargura. Convierte la despedida en un gesto de ternura hacia la vida»

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