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Crítica: Vasily Petrenko y Pablo Barragán con la Sinfónica de Castilla y León

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Autor: Agustín Achúcarro
17 de febrero de 2026

Crítica de Agustín Achúcarro del concierto de la Sinfónica de Castilla y León ofrecido bajo la dirección de Vasily Petrenko, con el clarinetista Pablo Barragán como solista

Crítica de Vasily Petrenko y Pablo Barragán con la Sinfónica de Castilla y León

La huella de Vasily Petrenko 

Por Agustín Achúcarro
Valladolid, 12-II-2026. Sala Sinfónica Jesús López Cobos del Auditorio. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Dirección: Vasily Petrenko. Obras: Concierto para orquesta y clarinete en la mayor, K. 622 de Mozart y Sinfonía n°6 en la mayor de Bruckner. 

   Resultó un concierto espléndido, lo que suele ocurrir cuando Vasily Petrenko dirige a la Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Una actuación en la que lo estrictamente técnico quedó envuelto  por algo tan subjetivo como la emoción. A esa fiesta de la música, se unió el clarinete solista Pablo Barragán, con su clarinete en la, cuyo sonido ayudó a tocar fluidamente las partes más graves y centrales. En este Concierto para clarinete y orquesta de Mozart, la versión de Barragán resultó subyugante al partir de un sonido fluido, de afinación precisa, con sonidos en pianísimo, que acentuaron el carácter poético. En el primer movimiento el solista puso de manifiesto un equilibrio sonoro que le permitió abordar todo el registro. En el Adagio realizó un sublime canto, siendo esa voz que cautiva y domina la melodía. Concluyó el concierto de Mozart sin renunciar a algunos sonidos de coloración más oscura, que no limitaron la sensación conclusiva de alegría. A esto hay que sumar la labor del director y la orquesta, que contribuyeron al logrado resultado final. Y lo hicieron con un sonido dúctil, transparente y bien ligado. Petrenko dejó al solista el espacio suficiente, sin por eso renunciar al sustento orquestal. Ante el éxito, Barragán interpretó una fantasía, de cosecha propia, basada en El callejón del muro de Paco de Lucía

   Tras el intermedio, llegó la interpretación de la Sinfonía n° 6 de Bruckner. Petrenko apadrina un proyecto consistente en grabar en varios años, junto a la Sinfónica de Castilla y León, todas las sinfonías de Bruckner, y ésta es la segunda que se graba, tras hacerlo el curso pasado con la cuarta. 

   Nada más iniciar la obra, con el sonido de las cuerdas y la entrada de los metales, imponiendo su potencia orquestal, se empezó a producir esa sensación indefinible que todo lo envuelve, y que hace que se perciba que los intérpretes han conseguido llevar la obra a un estadio especial. No se quiere decir con esto que no haya cosas que se puedan pulir o variar, simplemente se afirma que se estuvo en un plano artístico especial. Posiblemente la mayor virtud de la dirección de Petrenko, con una respuesta de gran altura por parte de la orquesta, estuvo en darle sentido a la obra en su conjunto, en que ésta avanzara en su interpretación como un todo, en el que las distintas secciones se articulaban con precisión. Complicado destacar algo en concreto, por lo anteriormente escrito, si acaso, mencionar las poderosas figuraciones y la manera de llevar el ritmo y combinar diferentes colores en el tiempo final. Una versión que puso de manifiesto el potencial de la orquesta desde su inicio hasta su conclusión, avasalladora de ritmos e ideas. 

   El público, que llenó la sala, posiblemente sabedor de que la suma de Vasily Petrenko y la Sinfónica de Castilla y León suele dar resultados memorables, a buen seguro no salió defraudado. 

Foto: OSCyL

 

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