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CRÍTICA: 'LA VERBENA DE LA PALOMA' DE BRETÓN, EN EL TEATRO CAMPOAMOR DE OVIEDO, CON PUESTA EN ESCENA DE MARINA BOLLAÍN. Por Rubén Martínez

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Autor: Rubén Martínez
22 de abril de 2013
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      FALTÓ VERBENA

      Tras su reposición en los Teatros del Canal hace dos meses, llegó por fin a Oviedo la Noche de verano en la Verbena de la Paloma que Marina Bollaín estrenara en Berlín hace ya más de 10 años y que traslada la acción del sainete desde una calle de finales del siglo XIX  a un colorista edificio de viviendas del Madrid actual, recordando inevitablemente a las historietas de "13 Rue del Percebe" En esta reinterpretación de Bollaín, Julián ha pasado de cajista a repartidor de butano cercano al paro, Don Hilarión es un farmacéutico joven, chuleta y adinerado mientras que la Tía Antonia se ha transformado en el Tío Antonio, un peluquero un tanto chafardero. Aparece un nuevo personaje, Severiana (Cristina Luar), a la vez mujer de Don Sebastián, ama de casa trasunto de Verónica Forqué y cantante aficionada quien se convierte en la protagonista del tercer cuadro, en el que se monta una auténtica fiesta popular tanto en el escenario como en el patio de butacas (incluyendo reparto de sangría al público).
      Para recrear el ambiente festivo, se incluyen temas como "Si la vida son dos días", "Dos gardenias" y el "Waka-waka" con coreografía grupal. Para quien esto escribe, lejos de resultar chocantes, estos cambios actualizan los tipos y situaciones presentados en la obra original de Bretón pero sin perder el espíritu originario de la misma: tal y como la propia directora declara en las notas al programa "el amor, los celos y la fiesta son tan actuales hoy como hace cien años".
      Vocalmente destacó el Julián del joven barítono madrileño César San Martín, poseedor de un material de lírico-ligero de emisión relajada. El instrumento no es especialmente privilegiado por calidad tímbrica o proyección, pero San Martín sabe manejarlo con flexibilidad y buen gusto, especialmente en su canción "También la gente del pueblo". En lo actoral, se mostró muy natural y desenvuelto. En el papel de "la morena" Susana, la valenciana Amparo Navarro, ofreció una convincente interpretación aunque la brevedad del rol no dé pie al lucimiento vocal. Su hermana Casta, interpretada por la mezzosoprano Maria José Suárez, se vio favorecida por la revisión de la obra, que hace que "la rubia" asuma el número de la soleá "En Chiclana me crié" mientras sufre las bruscas maneras del peluquero. La ovetense brindó una buena recreación del personaje con su habitual desparpajo escénico.
      El barítono santanderino David Rubiera, encarnó al personaje más popular de la obra, el boticario Don Hilarión, quien con sus archiconocidas coplas y un semi strip-tease arrancó las primeras risas. Tiene Rubiera la particularidad de dar siempre la sensación de haberse tragado un altavoz, tal es la proyección sonora que logra en todo momento y posición sobre el escenario. Sin embargo hemos apreciado en esta ocasión un excesivo apoyo en las resonancias nasales, casi cómico en ciertos momentos, que entendemos que debería intentar corregir o, al menos, mitigar. Escénicamente, estuvo soberbio en todo momento, especialmente en las coreografías, donde se le vió disfrutar de lo lindo.  
      El tenor Emilio Sánchez, habitual del teatro Campoamor tanto en ópera como en zarzuela, ofreció su solvencia habitual en un papel de tesitura baritonal con esa emisión tan peculiar y característica que en un primer momento da la impresión de ser un tanto engolada y resonar en posiciones en exceso retrasadas pero que proyecta con facilidad sobre la orquesta. Como anécdota, señalar que durante el Nocturno "Buena está la política", un móvil comenzó a sonar insistentemente desde el patio de butacas. Ante la absoluta pasividad de su dueño, Sánchez aprovechó una parte hablada para gritar "¡Contesta!" sin demasiado éxito. Itxaro Mentxaka, a la que pudimos ver hace apenas unas semanas en La corte de faraón, asumió el papel de Señá Rita con la seguridad vocal y temperamento escénico al que nos tiene acostumbrados.  Como Tío Antonio, el popular actor Juanma Cifuentes tuvo ocasión de exhibir proyección en la canción gallega que se añadió, como igualmente hizo la bailaora Olga Castro con otro añadido, en su caso el zapateado de La Tempranica de Jiménez. En papeles menores, Manuel Lobo, Rubén Díez, Pablo Romero, Gloria Alonso y Yolanda Secades cumplieron sobradamente. Gran trabajo de la Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo, especialmente en las partes habladas. Marzio Conti a la batuta de la  Oviedo Filarmonía, superó las prestaciones ofrecidas la temporada pasada en El Caserío, si bien se echó de menos un poco más de brío en ciertos pasajes de la Mazurca. A pesar del buen nivel vocal y el evidente trabajo de conjunto, el público acogió la propuesta tibiamente, sin que faltasen las protestas de algún sector, conservador y de cierta edad.
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