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Crítica:  Víctor Pablo Pérez y Simon Trpceski con la Sinfónica de Tenerife

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Autor: Pablo Sánchez Quinteiro
2 de noviembre de 2026

Crítica de Pablo Sánchez Quinteiro del concierto ofrecido por Víctor Pablo Pérez y Simon Trpceski con la Sinfónica de Tenerife

Víctor Pablo Pérez y Simon Trpčeski con la Sinfónica de Tenerife

Reencuentro

Por Pablo Sánchez Quinteiro
Santa Cruz de Tenerife, 30-X-2026. Auditorio de Tenerife Adán Martín. Temporada 2026/2027 de la Sinfónica de Tenerife. Quinto concierto de abono. Orquesta Sinfónica de Tenerife. Simon Trpčeski, piano. Víctor Pablo Pérez, director. Programa: Concierto para piano n.º 2 en do menor, op. 18, de Serguei Rachmaninov; Sinfonía n.º 12 en re menor, op. 112, «El año 1917», de Dmitri Shostakovich. 

   La presencia de Víctor Pablo Pérez al frente de la Sinfónica de Tenerife sigue teniendo algo de reencuentro familiar. Director titular de la formación entre 1986 y 2005 y actualmente Director honorario, su figura permanece estrechamente ligada a una etapa decisiva de la orquesta. Protagonista de dos programas de abono en la presente temporada, Víctor Pablo fue recibido en el primero de estos encuentros con una prolongada y calurosa ovación; una prueba inequívoca del cariño que le sigue profesando el público tinerfeño. El quinto concierto de abono de la temporada ofrecía un atractivo programa con el macedonio Simon Trpčeski como solista y dos compositores en cuyo repertorio Víctor Pablo tiene una amplia experiencia: Rachmaninov y Shostakovich. El célebre Segundo Concierto para piano del primero y la menos frecuentada Duodécima Sinfonía del segundo permitieron disfrutar de dos facetas muy distintas de la música rusa y ofrecieron abundantes oportunidades para el lucimiento del pianista y de la orquesta.

   El lleno de la sala y la diversidad de edades entre los asistentes añadieron otro motivo de satisfacción. Es un hecho que ha sido una constante en los últimos auditorios que he visitado: mi habitual Palacio de la Ópera de A Coruña, la Ópera de la Bastilla, la Philharmonie parisina, etc. Son imágenes que, aun sin desmentir las dificultades del mundo orquestal, invitan a reconsiderar los reiterados diagnósticos de crisis eterna que una y otra vez acompañan al debate sobre la música clásica.

«El lleno de la sala y la diversidad de edades entre los asistentes añadieron otro motivo de satisfacción»

Víctor Pablo Pérez y Simon Trpčeski con la Sinfónica de Tenerife

   A los atractivos musicales de la velada se sumaba, en mi caso, la oportunidad de asistir por primera vez a un concierto en el afamado Auditorio de Tenerife. Obra de Santiago Calatrava e inaugurado en 2003, el Auditorio impresiona por su arquitectura exterior y por la amplitud de su sala sinfónica. En su interior resulta especialmente llamativa la continuidad del graderío, sin apenas demarcación de zonas y con una pronunciada que pendiente permite una visión despejada del escenario, importante virtud que recuerda al Palau de Les Arts de Valencia, obra del mismo Calatrava. Poder seguir el trabajo de los distintos atriles sin obstáculos visuales -y por tanto auditivos- parece una exigencia elemental, aunque me temo que muchas salas distan de satisfacerla. En lo acústico, la impresión fue algo más matizada. Desde mi localidad, bastante alejada del escenario, eché en falta un poco más de calidez y de cuerpo en el sonido; a mi juicio consecuencia de la espectacular cúpula que corona la sala. Su belleza proporciona un indudable disfrute visual, aunque es inevitable que parte de la sonoridad se disperse hacia ese gran espacio superior. Se trata, en todo caso, de una apreciación desde un punto concreto de escucha, que en modo alguno me impidió disfrutar de la interpretación ni apreciar la calidad del trabajo instrumental.

   La primera parte tuvo como protagonista a Simon Trpčeski, habitual de las salas españolas. A sus 47 años, el pianista macedonio cuenta con una trayectoria internacional consolidada y una afinidad con Rachmaninov ampliamente acreditada. Todavía tenemos en A Coruña bien presente su abrumadora interpretación del Tercero de Rachmaninov con la Sinfónica de Galicia y José Trigueros de 2019. Trpčeski es bien conocido no sólo por su virtuosismo sino también por su acusada personalidad, que en el escenario transmite confianza y cercanía. Este temperamento extrovertido se corresponde en el teclado, con un sonido generoso, una pulsación extremadamente enérgica y una clara voluntad comunicativa. Estas cualidades que encontraron un terreno ideal en el Segundo de Rachmaninov, cuya extraordinaria riqueza melódica le permitió desplegar su capacidad para dar vuelo y carácter a la música, haciéndola llegar al público con intensidad y naturalidad. 

   Fue un Segundo esencialmente canónico, sostenido por la seguridad técnica y la fluidez con la que el solista recorrió la partitura. No hubo una búsqueda de efectos ni una necesidad de subrayar cada giro para dejar constancia de una lectura personal. El interés estuvo en la fuerza y continuidad del discurso, ameno y directo. Trpčeski se mostró especialmente a gusto cuando podía desplegar el peso de su sonido y la energía de su pulsación; pero también hubo espacio para el canto, aunque su aproximación pareció más inclinada a la afirmación expresiva que al ensimismamiento. Fue una lectura que avanzó con soltura y evitó recrearse en exceso en el componente sentimental de la obra.

   Desde el podio, Víctor Pablo Pérez ofreció un acompañamiento expansivo, sin apenas contener las posibilidades dinámicas de la orquesta. El resultado tuvo vigor y amplitud, pero en algunos momentos el equilibrio se resintió y el piano quedó parcialmente cubierto. Realmente, no me pareció necesario forzar tanto el balance orquesta-solista: la rica escritura orquestal podía haberse expresado con igual intensidad concediendo mayor espacio al piano. Pero sea como fuera, Trpčeski respondió con recursos suficientes, consiguiendo siempre recuperar el primer plano de su instrumento gracias a la proyección de su sonido. 

   La Sinfónica de Tenerife, liderada por su concertino invitado, Enrique Palomares, titular de la Orquesta de Valencia, mostró una respuesta solvente y el oficio de una formación experimentada. La contribución de sus primeros atriles fue uno de los apoyos de la interpretación: concertino y primer violonchelo, junto a las maderas, aportaron seguridad y calidad al conjunto. Destacaron especialmente la flauta y el clarinete en el delicado relevo melódico del Adagio sostenuto, así como el oboe, unido a las violas en la presentación del segundo tema del movimiento final. La familiaridad con Víctor Pablo se percibió en una empática atención a sus continua indicaciones, por toda la orquesta. 

   El éxito de Trpčeski fue rotundo. Como propina, compartió con el concertino una versión para violín y piano de la Vocalise de Rachmaninov, cuyo lirismo recogido adquirió un especial sentido como homenaje a las víctimas del accidente ferroviario de Urda, a cuya memoria estuvo dedicado el concierto.

«El éxito de Trpčeski fue rotundo»

Trpceski

   La segunda parte estuvo dedicada a la Sinfonía n.º 12 de Shostakovich, El año 1917, una de las obras del compositor que menor reconocimiento ha obtenido y cuya presencia en las programaciones sigue siendo relativamente escasa. De hecho, en la larga etapa de Víctor Pablo al frente de la Sinfónica de Galicia, sólo recuerdo habérsela visto en una ocasión; a finales de los noventa. Compuesta en 1960–1961 y dedicada a la memoria de Lenin, su planteamiento conmemorativo resulta explícito, como también lo es su voluntad de traducir en imágenes musicales distintos episodios de la Revolución rusa. Así, sus cuatro movimientos hicieron desfilar ante nosotros, sin solución de continuidad, el Petrogrado revolucionario, el refugio de Lenin en Razliv, el crucero Aurora y el amanecer de la humanidad. 

   Cuesta creer que, en esta obra, escrita en un crucial período de transición política en la historia soviética, el compositor haya renunciado a la idea de deslizar un subtexto, pero hoy por hoy no hoy ningún dato que sostenga esta idea.  Es el período del deshielo de Khruschev, en el que la revisión del estalinismo favoreció una cierta apertura cultural. La reivindicación de Lenin, a cuya memoria está dedicada la sinfonía, encajaba de hecho en ese intento de renovar el régimen mediante el retorno a sus principios fundacionales. Shostakovich vivía asimismo un momento contradictorio: rehabilitado públicamente y recién incorporado al Partido Comunista, alternaba la más intensa expresión íntima del Octavo Cuarteto con el lenguaje conmemorativo de esta sinfonía. 

   En este contexto, Víctor Pablo, optó por realzar de forma indisimulada la fuerza descriptiva de la partitura, con sus atmósferas épicas, contrastes inmediatos y grandes acumulaciones de tensión. Fue una dirección firme, atenta a la continuidad del relato y al efecto de sus contrastes. La orquesta respondió con entrega y seguridad, haciendo valer la contundencia de los grandes conjuntos y la experiencia de sus solistas. Percusión y metales estuvieron a la altura de una interpretación que requería en sus mejores momentos impulso rítmico y la construcción de episodios de máxima tensión. El momento más limitante de la interpretación fue Razliv. Su clima contemplativo no carece de atractivo, pero la insistencia sobre determinados materiales acaba por producir cierta sensación de estancamiento, sin que las ideas parezcan evolucionar en la misma medida. Víctor Pablo sostuvo el discurso con convicción, aunque sin poder evitar del todo esa impresión de reiteración.

   También fue problemático el triunfalismo del último movimiento, con su exceso de pomposidad en detrimento de la música. Estamos ante el mejor -y probablemente único- ejemplo del brutalismo soviético en la música de Shostakovich. En las conclusiones de Cuarta, Quinta, Séptima, Décima, la compleja relación de Shostakovich aflora de tal forma que da pie a múltiples lecturas. En la Doce cuesta justificar todos los excesos de esta conclusión mediante una supuesta intención irónica. Víctor Pablo no cayó desde luego en semejante tentación, limitándose a defender la obra con plena convicción y obteniendo de ella una interpretación de considerable fuerza. Los prolongados aplausos y las sucesivas ovaciones premiaron el trabajo de la orquesta y de un maestro cuyo regreso continúa siendo un acontecimiento para el público tinerfeño.

Fotos: Sinfónica de Tenerife

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