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CRÍTICA: ¡VIVA LA ZARZUELA! ANTOLOGÍA LÍRICA EN DOS ACTOS, EN EL TEATRO CAMPOAMOR DE OVIEDO

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26 de julio de 2010
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La Voz de Asturias (Domingo, 25/7/10)

Lugar: Teatro Campoamor; Fecha: 23 de julio de 2010;Obra: ¡Viva la zarzuela!

DECEPCIÓN ANTOLÓGICA

Lo que mal empieza mal acaba. La antología de zarzuela que el Ayuntamiento de Oviedo ha preparado como plato fuerte del verano ha sido un auténtico desastre organizativo y teatral, que no musical. Las cosas empezaron a hacerse mal desde el principio cuando, sin previo aviso, se decide recortar salvajemente los cachés previamente acordados con algunos artistas. Un movimiento gestor que en su día habrá que aclarar, dando las cifras correctas. Después está el producto artístico, que se ha servido justo el día de la reapertura del Campoamor, tras un lavado de cara que, tras lo visto el viernes, todavía no se ha llevado a efecto en su totalidad. "¡Viva la zarzuela!" es un producto en parte fallido: facilón en ocasiones, forzado y enrevesado en otras, se mire por donde se mire, el trabajo de Arturo Castro destila un no saber hacer preocupante. Castro opta por incluir ideas y escenas absurdas de alguien realmente perdido ante la oportunidad que, consciente del hecho, intenta justificarse acudiendo al más facilón patriotismo de gaitas, sidra y el consabido y algo ciego orgullo por la tierra. Es preocupante la falta de capacidad crítica mostrada por un público en pie tras oír una gaita, aplaudiendo  como si acabaran de ver al propio Plácido Domingo, que no está en Oviedo sino en el  Teatro Real y que, lo recordamos, cuando se pasó por el Campoamor para recibir un premio, no quiso ni cantar por cortesía. Esta es nuestra situación real, que necesita dotar al  principal teatro asturiano de prestigio y buen hacer artístico, y no gaitas, sidras y ensayos generales, dentro de un espectáculo que se supone de zarzuela ¿Pero no queríamos optar a la capitalidad cultural europea? Convendría tener unas miras más abiertas e inteligentes, porque con este tipo de producciones no salimos de Oviedo. Arturo Fernández aportó su característico sentido del humor, que no estuvo mal, pero que tal y cómo se planteó, no terminó de encajar sino con dificultad. Es mejor olvidar la triste escena en la que se hacía una retransmisión en directo, porque su calidad artística fue para olvidar. Fernández habló de su amor por Asturias. Estamos seguros de que los aplausos del público hubieran sido más si hubiera mostrado idéntico cariño cobrando la mitad de su altísimo sueldo. Hay que hacer saber a quién le interese, que hay algún artista que, en diez días y con la que está cayendo en España, cobrará más de lo que muchas familias asturianas logran ahorrar durante toda su vida.

También hubo cosas buenas, gracias al reparto lírico. Alejandro Roy triunfó de nuevo en el Campoamor, dando la sensación de tener una de las mejores voces de tenor de la actualidad. Fue espectacular su dúo con Beatriz Díaz, donde resultó evidente que ambos deberían participar juntos en alguna producción. También cantó muy bien Amparo Navarro, magnífica intérprete de sobra conocida por su gusto interpretativo. Estuvieron magníficos Beatriz Díaz y David Menéndez, dos voces de oro para una generación de  asturianos de auténtico lujo. En ambos casos, el repertorio elegido no favoreció del todo sus cualidades, que son muchísimo más  impactantes de lo que se mostró en la función. Juan Jesús Rodríguez estuvo espléndido. Es un barítono de calidad al que es un placer oír cantar. Ana Nebot estuvo realmente simpática en escena, pero bastante discreta en lo lírico, mostrando un engolamiento y crispación vocal preocupantes. Habida cuenta de los pocos fragmentos que cantaron algunos, la producción ya iba bien servida con menos cantantes. Sorprendió el Coro Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo con una gran participación, llena de sentido escénico y buen hacer interpretativo. La Joven Orquesta Oviedo Filarmonía es un conjunto que mostró bastantes defectos instrumentales y no acabó de saber acompañar cómodamente a los cantantes, pero también exhibió una pasión interpretativa reconfortante, en parte gracias al trabajo de Ramón Tébar, director de talento que toma a Carlos Kleiber como modelo gestual para obtener de la orquesta una interesante tensión sonora, a la que sin duda falta claridad de estilo y un sentido del pulso más estable. Con todo, Tébar obtuvo un buen resultado musical. Qué pena que con tan buenos mimbres artísticos, se haya fracasado tan claramente en la idea de la producción.

Autor:Aurelio M. Seco
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