Crítica de Jon González Villanueva de la ópera Werther, de Massenet, ofrecida en el Palacio Euskalduna de Bilbao dentro de la temporada de la Asociación Bilbaina de Amigos de la Ópera [ABAO]
Heladora primavera
Por Jon González Villanueva
Bilbao, 27-I-2026. Palacio Euskalduna. Werther (Jules Massenet). Celso Albelo (Werther), Annalisa Stroppa (Charlotte), Lucía Iglesias (Sophie), Angel Ódena (Albert), Enric Martínez-Castignani (Le Bailli), Josu Cabrero (Schmidt), Jose Manuel Díaz (Johann), Martín Barcelona (Bruhlmann), Olga Revuelta (Katchen). Bilbao Orkestra Sinfonikoa, Leioa Kantika Korala. Dirección musical: Carlo Montanaro. Dirección de escena: Rosetta Cucchi.
La ABAO ha inaugurado el año 2026 con Werther, la obra maestra de Massenet basada en la conocida novela de Goethe. En el rol titular, el tenor Celso Albelo, sustituyendo desde el pasado diciembre al inicialmente anunciado tenor norteamericano Stephen Costello, cuyo reemplazo no ha sido explicado por ABAO.
Albelo ya ha interpretado al poeta suicida con anterioridad, en Tenerife, Bolonia y Zagreb. Sabedor, por tanto, de las dificultades canoras y expresivas del papel, se dosificó astutamente para llegar con fuerzas al final de la obra. Es el suyo un Werther hacia afuera, expansivo y un punto primario, alejado de cualquier idea intimista o introspectiva del personaje.
Más allá de cualquier reparo, no cabe duda de que el tenor sudó la camiseta para sacar adelante la parte. Albelo entró dubitativo y con la voz sin calentar en el canto a la naturaleza del primer acto, fragmentario y poco ligado, pero que sirvió para comprobar lo saneado que mantiene el registro agudo. Mejoró en el dúo del claro de luna y echó el resto en su imprecación del segundo acto, muy pasional. Su romanza del tercer acto quedó hipotecada por la colocación de los peligrosos si bemol agudos, pero consiguió cálidos aplausos a escena abierta. En el último acto del ya moribundo Werther, aligeró la emisión buscando un efecto dramático que no se conseguía del todo, pues la voz quedaba como un sonido extraño a caballo entre la voz mixta, la media voz y el falsete, sin realmente resolver ninguno.
Annalisa Stroppa llevaba las riendas de la protagonista femenina, la joven Charlotte. Stroppa goza de una voz de mezzosoprano de calidad, mórbida y por lo general bien emitida. La mezzo compuso una Charlotte entregada y emotiva con un fino sentido del canto legato y una línea de canto intachable, tanto en los momentos solistas como en los conversacionales. En la escena de las cartas y el posterior momento solista de las lágrimas estuvo emotiva y epidérmica a pesar de luchar denodadamente contra los tempi impuestos por la dirección musical.
Bien cantada la Sophie de Lucía Iglesias, que posee la típica voz de soprano ligera con vibrato stretto de agradable color. Estuvo muy bien en su pequeña escena solista del segundo acto, cantada a placer, y también muy emotiva en su breve conversación con Charlotte del tercero. Ángel Ódena fue un Albert teatral y de impactante presencia escénica que consiguió dar relieve a su limitada parte.
En las partes menores sobresalió la bella voz de Josu Cabrero como Schmidt y cumplieron sin mucho más trámite Jose Manuel Díaz y Enric Martínez-Castignani.
Sin embargo, hay algo que no marcha correctamente cuando uno permanece impasible ante Werther, yacente sobre las rodillas de Charlotte, pidiéndole como último deseo el ser enterrado entre dos tilos. Y es que la dirección orquestal de este Werther caminó por una senda de gelidez y distanciamiento dramático que no fue ajeno para nadie, a juzgar por la tibia reacción del público.
Carlo Montanaro cuadró bien foso y escena, incluyendo las siempre espinosas escenas con la coral infantil, pero no aprovechó el buen momento en el que se encuentra la Bilbao Orkestra Sinfonikoa, recién nombrada orquesta principal de la temporada de ABAO, a la que hizo sonar gris y con una paleta de colores limitada y desvaída. Ofreció una lectura de escaso vuelo teatral y de tempos caidos y letárgicos, sin hacer justicia a la exuberante orquestación massenetiana.
La dirección de escena de Rosetta Cucchi viene del Teatro Comunale de Bolonia y tiene ideas interesantes aunque un tanto repetitivas, como la de situar a un delirante Werther en escena al inicio de la obra y de los actos subsiguientes, que en sus ensoñaciones proyecta distintas escenas de una eventual vida en común con Charlotte, dobladas por figurantes que los representan, o la de la omnipresencia del retrato de la madre de Charlotte y la caja de pistolas. En líneas generales es una propuesta escénica que aporta pero no molesta y permite el canto sin problemas.
Fotos: E. Moreno Esquibel
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