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Crítica: «La verbena de la Paloma» en el Teatro Campoamor de Oviedo

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Autor: Nuria Blanco Álvarez
17 de mayo de 2026

Crítica de Nuria Blanco Álvarez de La verbena de la Paloma del XXXIII Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo 

«La verbena de la Paloma» en el Teatro Campoamor de Oviedo

Don Hilarión se las lleva de calle


Por Nuria Blanco Álvarez | @miladomusical
Oviedo, 14-V-2026. Teatro Campoamor. La verbena de la Paloma (Tomás Bretón). César San Martín (Barítono/Julián), Carmen Romeu (Tiple 1ª/Susana), Amparo Navarro (Tiple 2ª/Señá Rita), Antonio Comas (Actor 1º/Don Hilarión), María Zapata (Tiple 3ª/Casta), Gurutze Beitia (Característica/Tía Antonia), Gerardo López (Fotógrafo/Don Sebastián), Sara Salado (Cantaora), Rafa Castejón (Director de escena/Tabernero), Ana Goya (Mujer del actor 1º/Doña Severiana), Críspulo Cabezas (Actor 2º/Mozo1º), Mitxel Santamarina (Actor 3º/Sereno), Ricardo Reguera (Actor 4º/Inspector), Adrián Quiñones (Apuntador/Guardia 1º), Carlos Mesa (Bombero/Guardia 2º), Albert Díaz (Ayudante de dirección/Mozo 2º). Coro Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”. Orquesta Oviedo Filarmonía. Dirección musical: Víctor Pablo Pérez. Dirección de escena: Nuria Castejón.

   Acaba de estrenarse en Oviedo una reciente producción del Teatro de la Zarzuela (2024) de una joya del género chico, La verbena de la Paloma, de cuya génesis escribimos en estas páginas de Codalario. La quintaesencia de este tipo de zarzuela es su duración, obras de apenas una hora de extensión que permitían que en una misma jornada se representaran cuatro piezas distintas (o actos) en un mismo teatro a lo largo de la tarde-noche donde, por un módico precio, el público podía elegir la función más de su gusto ¡o ir a todas si lo deseaban!, estrenándose hasta 150 títulos nuevos al año en su época de mayor apogeo. En definitiva, un sistema empresarial, el del teatro por horas, que beneficiaba a todos: empresarios, artistas y público. Lo que solía hacerse en nuestros tiempos al ponerse en escena obras de este tipo, era representarse dos obras del género consecutivas en la misma función (con el preceptivo descanso entre ambas) pero en los últimos años son muchos los que optan por extender una con números ajenos a ella desvirtuando la original pero que, bajo el paraguas del término “adaptación”, parecen gozar de un salvoconducto que no hace sino acrecentar las arcas del nuevo pseudoautor que, aprovechando el talento ajeno y la fama de un título, hacen suya la obra de otro. Ninguno de ellos es el caso de esta Verbena, donde Nuria Castejón realiza una innovación pero con el máximo respeto a la original, alargando el asunto con un prólogo de nueva creación, Adiós Apolo, de Álvaro Tato pero sin modificar después en absoluto la obra de Bretón. 

«La verbena de la Paloma» en el Teatro Campoamor de Oviedo

   Dicho esto, el añadido resultó excesivamente largo, resultando al final un espectáculo de casi dos horas de duración sin solución de continuidad, contando este inicio con demasiados números musicales, muchos de ellos forzados en el devenir de la dramaturgia. Esta obra introductoria simula ser el momento, a finales de los 1920, en el que la compañía del Teatro Apolo ensaya la que será la última función de La verbena de la Paloma en la catedral del género chico antes de su cierre para ser demolido y convertido en una sede bancaria. Desde luego se ajusta a la realidad pues efectivamente la última representación en el Apolo tuvo lugar el 30 de junio de 1929, precisamente con la puesta en escena de La verbena de la Paloma, el sainete La señá Rita y su hombre, El santo de la Isidra y La del puñao de rosas, en una sesión de primera hora de la tarde, y por la noche las dos últimas fueron sustituidas por La revoltosa, detalle del que se da cuenta en escena donde, entre bastidores, se aprecia un cartel anunciador con los mencionados títulos y fecha. Una pena que los números musicales elegidos no se correspondieran con esas obras ni con las elegidas la víspera del cierre del teatro en una función extraordinaria donde el periodista y conferenciante Federico García Sanchiz ofreció una charla sobre la historia del Apolo y la compañía representó fragmentos de El barberillo de Lavapiés, La Gran Vía, La revoltosa, El cabo primero, La boda de Luis Alonso y La verbena de la Paloma, y hubiera sido un guiño perfecto haber hecho lo mismo en esta ocasión en lugar de escoger piezas de El sobre verde, El año pasado por agua, La gente seria, El pobre Valbuena y El bateo, que no venían a cuento. Tato plantea este prólogo como Echegaray lo hiciera en El dúo de la Africana -otra joya del género chico- donde son incesantes las interrupciones del ensayo para irritación del director, con un ayudante que no da abasto, un coro que no aparece, un cantante que llega tarde y una pianista en escena.

«La verbena de la Paloma» en el Teatro Campoamor de Oviedo

   En cuanto a La verbena de la Paloma, la puesta en escena supuso un golpe de aire fresco al mantener la tradición de la zarzuela en todo su esplendor, sin complejos, con mimo y gran saber hacer. La espléndida escenografía de Nicolás Boni nos llevaba a un barrio castizo madrileño donde se ubicaba la botica de Don Hilarión, convertida en el segundo cuadro en el Café de Melilla del que ingeniosamente sobresalía hacia el proscenio el tablao flamenco donde la cantaora Sara Salado nos embriagó con la soleá “En Chiclana me crié” acompañada de una excelente bailaora, ambas con un precioso vestuario de Gabriela Salaverri. Y es que la parte coreográfica fue una de las protagonistas de la velada, no en vano Nuria Castejón es coreógrafa antes que directora de escena, aunque se desenvuelve como pez en el agua también en este último oficio, sin duda el mundo de la zarzuela le corre literalmente por las venas. El cuerpo de magníficos bailarines, profusamente utilizado a lo largo de toda la obra, dotó a las escenas de belleza y de un precioso ambiente, que incluso se marcaron un chotis de lo más fetén, siendo sus intervenciones de lo mejor de la noche. 

   También llamó la atención el maravilloso trabajo de Antonio Comas quien, saliéndose de los estándares y de la sombra del gran Enrique del Portal, recreó a un novedoso Don Hilarión dotándole de personalidad propia, dando muestras de su enorme talento como actor e inteligencia escénica. César San Martín fue un correcto Julián y su partenaire Carmen Romeu estuvo muy desenvuelta en el papel de Susana logrando una notable recreación del personaje. Siempre es un acierto tener a Rafa Castejón sobre las tablas, lo mismo canta que actúa, dotando a sus interpretaciones de elegancia y carisma, tiene el don de los grandes. Notable recreación de Don Sebastián la de Gerardo LópezAmparo Navarro fue una adecuada Señá Rita y muy graciosa Gurutze Beitia como la Tía Antonia, quien hizo las delicias del público. El resto del elenco estuvo a un buen nivel al igual que el Coro Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”. La Oviedo Filarmonía sonó bien en manos de Víctor Pablo Pérez, maestro experimentado que ofreció una lectura personal, elegante y eficaz, aunque algunos momentos lentos dificultaron la naturalidad del canto de alguno de los protagonistas.

Fotos: Alfonso Suárez

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