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Crítica: «Marina» en el Teatro de la Maestranza de Sevilla

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Autor: José Amador Morales
20 de marzo de 2026

Crítica de José Amador Morales de la ópera Marina, de Arrieta, en el Teatro de la Maestranza de Sevilla, bajo la dirección musical de Manuel Busto

«Marina» en el Teatro de la Maestranza de Sevilla

Marina regresa al Maestranza

Por José Amador Morales
Sevilla, 17-III-2026. Teatro de la Maestranza. Emilio Arrieta: Marina, ópera en tres actos con libreto de Francisco Camprodón y Miguel Ramos Carrión. Sabina Puértolas (Marina), Ismael Jordi (Jorge), Juan Jesús Rodríguez (Roque), Rubén Amoretti (Pascual), José Manuel Díaz (Alberto), Alicia Naranjo (Teresa), Andrés Merino (Un marinero). Coro del Teatro de la Maestranza (Iñigo Sampil, director del coro). Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Manuel Busto, dirección musical. Bárbara Lluch, dirección escénica. Producción del Teatro de la Zarzuela de Madrid.

   La ópera Marina ha regresado al Teatro de la Maestranza veinticuatro años después de la discreta producción que entonces protagonizaran Ruth Rosique e Ignacio Encinas bajo la dirección de Miguel Ortega. Y lo ha hecho de la mano de la producción que se presentara hace dos años en el Teatro de la Zarzuela con un reparto similar al de las funciones madrileñas. Como en aquella ocasión, se ha ofrecido una versión íntegra basada en la edición crítica de María Encina Cortizo y Ramón Sobrino, en un interesante esfuerzo musicológico que permite apreciar la obra en toda su extensión, particularmente con la recuperación del dúo y sardana del segundo acto así como el rondó final. Estrenada originalmente en 1855 como zarzuela, fue transformada en ópera en 1871 para poder ser representada en el madrileño Teatro Real, en una etapa clave en la que la lírica española buscaba su identidad frente al predominio de la ópera italiana, si bien Marina todavía evidencia esta influencia. En este sentido, Arrieta, que había estudiado y trabajado en Italia, logra un delicado equilibrio entre la tradición itálica y sensibilidad nacional, obteniendo como resultado una partitura de gran inspiración melódica, emotiva y accesible, que ha mantenido su popularidad a lo largo del tiempo como parte del repertorio habitual. 

«Marina» en el Teatro de la Maestranza de Sevilla

   La propuesta escénica de Bárbara Lluch resulta ciertamente elegante, estéticamente atractiva y coherente con la naturaleza de la obra. La trama fluye con agilidad y permite que la acción avance, bien que sin lograr evitar ciertos desequilibrios. Por un lado, la caracterización de Marina como una figura aniñada y caprichosa enfatiza hasta el empalago un personaje ya cursi de por sí; por otro, la presencia paralela de una figuración no siempre justificada así como de la cómica coreografía del segundo acto, introduce una caricatura que desconcierta no poco al espectador. 

   En el apartado vocal, Sabina Puértolas se adaptó perfectamente a ese enfoque remilgado del personaje protagonista planteado por la dirección escénica. Tras un inicio frío y titubeante, la soprano aragonesa fue a más hasta culminar en un rondó final convincente, compensando con musicalidad y aseado registro sobreagudo, un timbre impersonal y un fraseo algo distante. Por su parte, Ismael Jordi cinceló un Jorge de fraseo de exquisito buen gusto, depurado e intencionado más allá de un color ingrato y cierta falta de proyección. Los reguladores (bellísimos en  “En las alas del deseo” o en frases como “¿A quién entonces dijiste amar?”) y demás sutilezas con las que engalanó su línea de canto terminaron por conquistar una vez más a la audiencia. Además, su complicidad con Juan Jesús Rodríguez fue extraordinaria. Y es que el barítono onubense dotó a su Roque de un insólito empaque vocal en base a una privilegiada materia prima de gran belleza tímbrica, manejada con una línea de canto noble y proyección tan natural como impactante. Rodríguez se arrancó con “La tierra tiene sus buques” por soleares con un expresivo quejío de raigambre flamenca, acompañado por un repique de palmas igualmente apropiado de Jordi. Rubén Amoretti, por su parte, volvió a demostrar su indudable oficio en un Pascual construido desde el detalle y la intención, si bien condicionado por un volumen limitado y un evidente desgaste vocal. Excelentes José Manuel Díaz, Alicia Naranjo y Andrés Merino en sus respectivos cometidos como personajes secundarios. 

«Marina» en el Teatro de la Maestranza de Sevilla

   Desde el foso, Manuel Busto ofreció una dirección musical que sorprendió muy gratamente por su intensidad y su gran agilidad narrativa. Siempre atenta a los cantantes y a la claridad del discurso, lejos de buscar efectos llamativos o contrastes forzados, su lectura se apoyó en tempi naturales y un cuidado minucioso del detalle. Bajo su batuta, la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla ofreció una sólida prestación, evidenciando un sonido pleno e intenso, mientras que el Coro del Teatro de la Maestranza firmó una actuación extraordinaria, confirmando la línea ascendente que viene mostrando en las últimas temporadas.

Foto: Teatro de la Maestranza

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