Artículo de la musicóloga y crítico musical de CODALARIO, la Doctora Nuria Blanco Álvarez, sobre el Género ínfimo en la zarzuela.
¿Qué es el Género ínfimo?
Por Nuria Blanco Álvarez | @miladomusical
Como ya explicamos en nuestro artículo sobre qué es la Revista musical donde comentábamos cómo la Revista política desembocaba frecuentemente en la Parodia, otro tipo de Revista, la sicalíptica, dará paso en los inicios del siglo XX, al Género Ínfimo, al que algunos califican como una «Degeneración del Género chico», aunque nosotros vemos también sus antecedentes en el Género bufo y más atrás aún, en la Tonadilla escénica (véase nuestro artículo «La Caramba, de la Tonadilla escénica a los cuadros de Goya»).
«El cuerpo femenino se empieza a mostrar como objeto de deseo, se inunda el texto con chistes picantes y comienzan a introducirse cuplés, es decir, canciones sensuales con letras de doble sentido e interacción con el público por parte de la cupletista»
Son obras breves en las que el cuerpo femenino se empieza a mostrar como objeto de deseo, se inunda el texto con chistes picantes y comienzan a introducirse cuplés, es decir, canciones sensuales con letras de doble sentido e interacción con el público por parte de la cupletista. Esto mismo era lo que ya hacían las tonadilleras del siglo XVIII, unas figuras que se transformarán por diamórfosis a lo largo del tiempo en las cupletistas, que también tienen su antecedente en las suripantas.
La calidad de las obras de Género ínfimo cada vez se resiente más, pues lo de menos era en realidad la trama o incluso la música. De hecho, lo habitual era que la artista entrara repentinamente al escenario, sin ninguna situación concreta provocada por el inexistente argumento, incluso sin que sonara música alguna, porque se esperaba que algún espectador le echara algún piropo antes de comenzar con su actuación. Serge Salaün señala que, a partir de 1897, se ponen de moda en las obras teatrales de Madrid las piezas picantes y verdes «que dedican más la atención a los encantos físicos de las intérpretes que a sus capacidades estrictamente vocales». El público, generalmente masculino, asistía a ver más que a oír.
«El público, generalmente masculino, asistía a ver más que a oír»
Con el desastre del 98 el inicio del nuevo siglo en España supone un cambio radical de mentalidad y el Género chico entra en un lento pero continuo declive. En los primeros años del siglo XX fallecen muchos de sus compositores emblemáticos: Caballero (1906), Chueca (1909) y Chapí (1909), entre otros. Por otro lado, también en esos años aparece el cinematógrafo (véase «La llegada del cinematógrafo a España»), sin duda un gran rival en lo que a cuestiones de entretenimiento se refiere, muy barato y novedoso.
Portada de la partitura de la zarzuela El género ínfimo estrenada en el Teatro Apolo en 1901
Justamente en 1901 se estrena en el Teatro Apolo una obra de Tomás Barrera y Joaquín Valverde Sanjuán (conocido como Quinito Valverde e hijo de Joaquín Valverde, la famosa pareja artística de Federico Chueca) titulada El género ínfimo, de la que se tomó el nombre para definir una tipología dentro del teatro lírico español, de espectáculo frívolo, con tintes sicalípticos, en el que lo que prima es lo que se dice y, sobre todo, cómo se dice, estando estas obras inundadas de cuplés con textos pícaros de doble sentido que cuentan con la insinuante interpretación de la artista y que cada vez son más subidos de tono. Son obras como La gatita blanca y El arte de ser bonita ambas de Gerónimo Giménez y Amadeo Vives, y La moral en peligro de Vicente Lleó, entre otras.
Los nuevos ingredientes serán lo visual y la exhibición del cuerpo femenino que ya se estaba viendo venir con las mencionadas Revistas sicalípticas, más preocupadas por el lucimiento de la figura femenina que por los sucesos políticos o de actualidad propios de otras revistas. Revistas de éxito de principios del pasado siglo fueron Enseñanza libre y Cinematógrafo nacional ambas de Gerónimo Giménez y Las corsarias de Francisco Alonso, por citar algunas.
En este contexto nos encontramos con las Varietés, un fenómeno teatral de origen francés, en el que se alternan números visuales y cantados junto al circo, malabarismo, mimo, baile y canción, concebido esencialmente para un público masculino; es decir, una sucesión de números de diversos géneros y sin relación entre ellos, de ahí su nombre: «Variedades». Sus inicios se remontan a 1893 en el Teatro Barbieri en el que la cantante alemana Augusta Bergés cantaba el famoso cuplé de «La pulga» y al año siguiente el empresario francés Banquerel alquila el Teatro Alhambra donde eclosionará este nuevo fenómeno.
«¡Cómo se entusiasmaban los señores con la piernografía!»
El primer Music-Hall en España aparece allí y pronto se expande a los salones de Madrid y Barcelona. Estas nuevas formas de teatro erótico-musical cultivadas en los salones y teatros de variedades causaron un gran daño al Género chico que contraatacó elevando el tono picante de sus producciones. Tenemos el caso de los «Cuplés de la comba», incluidos en la zarzuela de Caballero y Lleó El pícaro mundo, que los canta «inocentemente» Lolita explicando cómo la falda se le enganchó sin querer al saltar a la comba. De esta obra comentan en la prensa que había «escenas de music-hall, piernografía, gluteografía, etc. etc.». Lo mismo ocurrió en la zarzuela Los figurines de Caballero donde el tercer cuadro lleva por título «Ropa interior» descrito en la prensa como «un porfolio del desnudo» y relatan «¡cómo se entusiasmaban los señores con la piernografía!». Fue una obra cargada de polémica ante los detractores de este nuevo tipo de espectáculo, que no dudaban en decir de ella que era «una monstruosidad horrible. Ni el calificativo de disparate exime de responsabilidad a sus autores».
Personaje de Lolita en la zarzuela El pícaro mundo en su estreno en el Teatro Cómico en 1903 y portada de la partitura
También despunta la Opereta de la que no olvidemos que ya bebieron los bufos, inspirados en Offenbach y su Orfeo en los infiernos con el baile del can-can. En este sentido destacó La corte de faraón (1910) de Vicente Lleó, pieza paradigmática del Género ínfimo, en la que la mujer aparece desinhibida y muestra sin tapujos los intentos de adulterio. La obra obtuvo un éxito colosal y tras su estreno se representó en el Teatro Eslava 762 veces consecutivas.
«La corte de faraón obtuvo un éxito colosal y se representó en el Teatro Eslava 762 veces consecutivas»
Julia Pons y Carmen Andrés, protagonitas del estreno de La corte de faraón en el Teatro Eslava en 1910
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