La musicóloga y crítico de Codalario Nuria Blanco Álvarez publica un nuevo artículo sobre la zarzuela, en esta ocasión sobre el Juguete Lírico
El compositor Manuel Fernández Caballero
Qué es el Juguete lírico
Por Nuria Blanco Álvarez | @miladomusical
Una vez explicado lo que es el Sainete lírico en nuestro anterior artículo para Codalario sobre las tipologías de Género chico, pasamos ahora a comentar qué tipo de obras se esconden bajo la denominación de «Juguete lírico».
Son zarzuelas breves que tratan de un enredo amoroso entorpecido por un equívoco que finalmente se verá resuelto de manera feliz: la entrada equivocada en casa ajena, la confusión de tomar un personaje por otro, la elección de un marido o las dificultades económicas de una joven pareja, son temas recurrentes. Emilio Casares lo define como «una travesura teatral, una pequeña broma», mientras que Pilar Espín Templado, por su parte, explica que se caracterizan por desarrollarse la acción en un único espacio y en el transcurso de unas pocas horas, en Madrid, en lugares de interior como una casa de huéspedes, aunque normalmente sofisticados como una casa burguesa, con pocos personajes, normalmente burgueses, y ausencia de coro, con música urbana y no folklórica y con frecuentes finales asainetados hacia el público. Asegura que, la poca cantidad de personajes en la acción de los Juguetes líricos y la ausencia de coro indican el claro origen teatral de los mismos y su escasa evolución en su paso a la escena lírica. En este último punto estamos de acuerdo ya que hemos encontrado el caso de dos juguetes de Manuel Fernández Caballero realizados antes de que se inventara el Teatro por horas en 1867 y, por tanto, no pertenecen al Género chico a pesar de contar con un acto único. Se trata de ¡Una emoción! de 1859 con libreto de Leopoldo Bremón y Llegar y besar el santo de 1861, una traducción del francés realizada por Eduardo Inza y música en colaboración con Cristóbal Oudrid. Ambas piezas se estrenaron en el Teatro de la Zarzuela y cumplen con las características esperadas en un Juguete teatral al que se añadió música.
Sin embargo, discrepamos de varias de las particularidades que Espín atribuye a los Juguetes. Al estudiar las 24 obras calificadas por sus autores como «Juguetes» a las que Manuel Fernández Caballero puso música (la profesora Espín estudió 39 en su Tesis Doctoral), encontramos algunas características que no se ajustan a las previsibles según su teoría. Por ejemplo, hemos comprobado que la acción no transcurre siempre en Madrid: La víspera de la fiesta (1893) se desarrolla en Aragón y Triple alianza (1893) en Cádiz.
«En cuanto a la música que acompaña a los Juguetes líricos, no presentan ninguna novedad específica dentro del Género chico pues su diferencia radica más en cuestiones de índole dramático»
En cuanto a la música que acompaña a los Juguetes líricos, no presentan ninguna novedad específica dentro del Género chico pues su diferencia radica más en cuestiones de índole dramático. Espín afirma que «si se incluyen bailes, éstos suelen ser bailes modernos, no jotas, seguidillas o fandangos, ni chotis, pues el elemento folklórico está prácticamente ausente en el subgénero». Nosotros recordamos la malagueña y gallegada inserta en la zarzuela Chateau Margaux, así como las javeras y panaderos que interpreta el coro; o el chotis incluido en La viejecita, además de otra gallegada en Para casa de los padres, un zortzico en Los rábanos por las hojas, seguidillas y jotas en La víspera de la fiesta y Los zangolotinos, además de una habanera en Mata-Moros y una guaracha en Un punto filipino, todas ellas de Caballero.
Señala que suelen ser únicamente dos los personajes que cantan, siendo actores los demás participantes en este tipo de espectáculos que contiene pocos personajes y se desarrollan en un único cuadro de interior a lo largo de un día. No obstante, nosotros hemos encontrado algunos Juguetes líricos de Caballero que desbordan ampliamente estas cifras, moviéndose entre los 11 y 20 personajes, y aumentando sutilmente la cantidad de números musicales que sí incluyen coro, llegando entonces a contar con dos, tres o incluso cuatro cuadros, pero manteniendo por parte de sus autores el nombre de «Juguete», entonces la acción transcurre en un tiempo más amplio que unas simples horas. Tal es el caso de La una y la otra con doce personajes y coro; Aguas azotadas con cuatro cuadros; Los extranjeros con tres cuadros -dos de ellos además ambientados en espacios exteriores-; ¿A que no puedo casarme? con tres cuadros, uno de ellos también en exterior; La magia negra consta de tres cuadros desarrollados en Madrid en distintas épocas (incluso en el año 2898) llamado por sus autores «Juguete cómico-lírico fantástico de actualidad» y Don Jaime el conquistador con dos cuadros que además incluye un momento explícitamente coreografiado, de hecho lo llaman «Juguete cómico-lírico-bailable», ya que su segundo cuadro se desarrolla en un gran salón de baile en el que, según el libreto «al verificarse la mutación aparece el baile en todo su apogeo. Las parejas bailan un vals», contraviniendo el argumento de Espín que afirma: «Tampoco hace acto de presencia, en el juguete cómico-lírico, la coreografía, pues se da una ausencia tal del coro y de bailes coreográficos debido al escaso número de personajes».
«Los Juguetes líricos son zarzuelas de Género chico definidas por el carácter burgués de su ambiente y protagonistas enredados en un asunto amoroso entorpecido por un equívoco con final feliz, donde no aparece casticismo alguno»
En definitiva, tras un exhaustivo estudio de la obra de Manuel Fernández Caballero, a todas luces un maestro del Género chico, y con el corpus más amplio en el mundo de la zarzuela (con 193 catalogadas en nuestro libro Catálogo de la obra de Manuel Fernández Caballero publicado por Codalario Ediciones en 2019), podemos extrapolar nuestras conclusiones para diferenciar el Juguete lírico de otras manifestaciones del Género chico por el carácter burgués de su ambiente (alejado del casticismo y clases populares del Sainete lírico) y protagonistas enredados en un asunto amoroso entorpecido por un equívoco con final feliz (esto último como los Sainetes).
«Los nombres de los protagonistas de los Juguetes suelen ir precedidos por el título de Don o Doña, bien al contrario que el artículo que vulgarizaba a los personajes femeninos de los Sainetes»
Dos modelos de Juguete lírico los encontramos en sendas obras de Manuel Fernández Caballero, somo son Chateau Margaux y La viejecita. La primera de ellas, con libreto de José Jackson Veyán, estrenada en el Teatro de Variedades en 1887, en la que como hemos mencionado sí aparecen algunos números de carácter folklórico, como música andaluza y gallega, sobre todo en momentos de carácter cómico, casi bufo. El título de la zarzuela hace referencia al famoso vino francés y cuenta los efectos que su abuso produce en una joven recién casada en el momento más inoportuno, justo cuando recibe la visita de los tíos ricos de su marido, propiciándose situaciones muy divertidas ante la desinhibición de la muchacha, como cuando monta una especie de tablao flamenco en el salón de su casa y se lanza a cantar con su criado a la guitarra. Se produce entonces un momento al más estilo bufo al producirse un único número musical en el que coexiten una malagueña y una gallegada interpretada por el criado (que nos recuerda al dúo bilingüe de Soledad y Miss Ketty en Los sobrinos del capitán Grant que superponía una mazurka y unas seguidillas, además en dos idiomas diferentes, ahora a la española en andaluz y gallego y además realizado por una sola persona, al estilo del terceto monologado de Gloria y Peluca de Barbieri). El marido no cesa de disculparse ante su familia indicándoles que la culpa de todo la tiene el Chateau Margaux, que todos prueban y acaban igual de contentos que la joven, que queda automáticamente perdonada. Son tan solo cinco los personajes que aparecen: Doña Angelita (soprano), Don Manuel, José (barítono cómico), Doña Laura (mezzosoprano) y El Barón (tenor), todos precedidos por el título «Don» o «Doña», bien al contrario que el artículo que vulgarizaba a los personajes femeninos de los sainetes (como «La Lola»). El único que no lo lleva es el criado, para diferenciar así las clases sociales. La partitura consta de seis números musicales, entre los que destaca el célebre Vals de Angelita que «se hizo la pieza predilecta de las tiples ligeras de aquel tiempo y aún duró como tal buen trecho del siglo XX» como aseguró el célebre crítico Chispero en 1953. Incluso el mismo Camille Saint-Saëns en una de sus visitas a España, acudió a una de las representaciones 30 años después de su estreno: «Durante varios años consecutivos iba a pasar el invierno a las Canarias y [...] me detenía en la deliciosa Cádiz [...] allí completé mi educación en materia de zarzuela [...] aprendí a conocer todo este divertido repertorio: El dúo de La africana, [...], Chateau Margaux».
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